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Temporada Baja 2006
Por el Anticristo (abril 2007)
Por razones estelares no me quedó
otra que entregarles este recuento con bastantes meses de retraso.
Pero más vale tarde que mal acompañado.
La información no la obtuve del aire. Hubo almas atribuladas
que me ayudaron y no quisiera ahora dejarlos en las sombras. Ellos
fueron: Pablo Besser, Camilo Rada, Juan Henríquez, Sebastián
Rosende, Darío Arancibia, Christian Cuq, Armando Moraga,
María Ibarra y Danilo Poklepovic.
Antes de seguir, recuerden las reglas de siempre (aporte deportivo,
comunidad nacional, abril-septiembre 2006) más una nueva
que era obvia pero que a partir de hoy se hace explícita:
una actividad que no arribe a una cumbre lógica es ¡INTENTO!.
Repitan conmigo: yo intento, tu intentas, él intenta...
Pido las disculpas del caso por errores u omisiones,
los cuales por supuesto son de mi responsabilidad y hechos sin querer.
Nada de mardá.
Comencemos entonces, como es habitual, por aquello que nos pone
tristes.
Los Accidentes
Si bien la televisión se llenó de muchos perdidos
y familiares sustos mediáticos, de lo que amerita comentarse
sólo hubo dos incidentes.
El primero de ellos acaeció el 14 de mayo del 2006 en Las
Chilcas, zona central. El escalador nacional Danilo Poklepovic estaba
punteando la ruta Los Trapecistas (5.12b, Desplomilandia)
cuando, estando entre la segunda y tercera chapa, se cayó.
Algo que habitualmente no tendría nada de anormal, excepto
que la repentina carga arrancó de cuajo el segundo seguro
e hizo que el deportista se golpeara en el piso. Terminó
con un TEC cerrado y un corte feo en la mejilla derecha.
Poklepovic se recuperó satisfactoriamente y a la semana estaba
de regreso escalando sin problemas, pero el incidente dejó
su estela de preocupación. La falla en los anclajes y seguros
fijos (bolts, spits o químicos) no son raros en otras partes
del mundo, especialmente en aquellos países cuyas vías
deportivas tienen 20 o 30 años de antigüedad. Pero ¿en
Chile?
Quizás lo ocurrido en Las Chilcas fue sólo un problema
puntual. O talvez es el preámbulo de un fenómeno que
va a comenzar a afectarnos dado que nuestras rutas ya no son tan
jóvenes cómo nos gustaría creer. Lo que fuese,
igual asusta.
El segundo caso fue el lamentable fallecimiento del carabinero Sagredo
Rodríguez (miembro del GOPE), en el mes de julio del 2006,
mientras hacía prácticas de escalada en roca en la
Quebrada del Loro.
¿No sabían de este accidente? ¿Pero cómo?
¿Es que acaso no leen los diarios? ¿Ya no ven las
noticias? ¿En qué mundo viven?
Los perdono. Pero no porque yo me haya ablandado con los años,
sino porque daba lo mismo. Podrían haber leído Cosmopolitan,
La Cuarta o La Quinta de La Noche y no lo habrían encontrado.
¿Saben por qué? Porque efectivamente no salió
en ninguna parte. ¡NINGUNA!
Extraño manto del silencio.
Así es cómo se aboga por la transparencia y libertad
de información en Chile.
Cuándo conviene.
De Chile a China
Hubo dos visitas al Himalaya que involucraron a compatriotas: la
de Christian Cuq al Cho-Oyu (8.201 m) y otra organizada con el objetivo
que Claudio Lucero hiciera cumbre en el Lhotse (8.516 m).
En el caso del primero, Cuq participó como Guía Asistente
de un cliente suizo, en un grupo donde también estaban dos
guías helvéticos (y la señora de uno de ellos).
En total, 5 personas.
Parte del equipo, Cuq incluido, realizó la etapa de aclimatización
en Sudamérica a partir del 5 de marzo. Primero se fueron
al Walter Penck (6.658 m), cerro localizado en la provincia argentina
de Catamarca, y de ahí al Tres Cruces (6.749 m), montaña
limítrofe con Chile. Terminaron el 25 de marzo y se fueron
directamente al Ama Dablam (6.812 m), a cuyo campamento base llegaron
3 días después tras 4 conexiones aéreas y un
viaje en helicóptero.
En el Ama Dablam estuvieron dos semanas intentando la ruta normal,
la del filo sur-oeste, pero no fueron más allá del
campo 1 (5.800 m). En parte, porque el clima no se los permitió,
pero también porque ya estaban medio cortos de tiempo para
lo que realmente les importaba: el ascenso del Cho-Oyu.
Tras pasar por Katmandú, entrar a China y establecerse en
el Base de esta montaña, se abocaron a equipar la ruta normal
usando 4 sherpas como apoyo, tarea que les tomó 21 días.
Luego hicieron el intento de cumbre. Llegaron hasta el campo 2 (donde
por problemas estomacales se regresó Ajhan Truffer, uno de
los guías suizos) y, el 24 de mayo, a las 9 de la mañana
y tras 8 horas de ascenso hicieron cima. Sin usar oxígeno.
Con esto Christian se convierte en el quinto chileno en hollar la
cima de esta montaña, la sexta más alta del mundo.
Los anteriores ascensos nacionales fueron Mauricio Purto y Alejandro
Izquierdo en 1987 (llevando con ellos a un guía sherpa, Ang
Rita) y Cristina Prieto y Fernando Luchsinger en 1999 (parecido
al anterior, sólo que el sherpa no era tan declaradamente
guía). En cuanto a intentos, si la memoria no me falla, habría
dos: el del mismo Cuq con su hermana Vivian en 1999 (era la otra
cordada de la expedición donde estaban Prieto y Luchsinger)
y un esfuerzo en solitario de Joaquín Oyarzún en el
2001.
Un garbanzo informativo. Y gratis. Consultado Cuq acerca de si la
idea de aclimatarse en Chile era buena, comentó que sí,
siempre y cuando se tengan los recursos económicos suficientes
para, una vez terminada dicha etapa, dirigirse sin demora alguna
al cerro que se pretenda doblegar.
De Chile a Nepal
La segunda expedición nacional fue organizada en torno a
la figura de Claudio Lucero, cuyos 73 años querían
ser premiados de una manera extraordinaria por los que otrora fueron
sus alumnos: ascender una montaña de 8.000 metros. De paso,
convertirlo en el alpinista más longevo en estar en una cumbre
por sobre esa altitud.
El proyecto mismo fue enorme, heterogéneo y cruzó
varias líneas interpretativas. Sólo por citar una
de ellas, estaba la participación del conocido empresario
Nicolás Ibáñez Scott (y su hijo, Nicolás
Ibáñez Varela), lo cual implícitamente dio
a entender que en la expedición no sólo había
deportistas, sino que también clientes (algo
relevante llegada la hora de las evaluaciones deportivas).
Oficialmente los integrantes de la expedición eran 13: Rodrigo
Jordán (líder), Max Meza, Eugenio Guzmán, Misael
Alvial, Ernesto Olivares, Sebastián Irarrázaval, Claudio
Lucero, Sebastián Varela, Nicolás Ibáñez
Varela, Nicolás Ibáñez Scott, Tomás
Grifferos, María Ibarra y Gabriel Becker. A ellos se sumaban
algunos sherpas (entre ellos Lakpa Rita, Phu Tashi, Palden Namja
y Shewan), y un equipo de apoyo donde al menos estaban Alfonso Díaz,
Pablo Valdez y Claudio Lucero Jiménez (hijo de Lucero). Puede
que haya otros.
El campamento base fue establecido por un equipo de avanzada el
2 de abril. A él llegó Lucero nueve días después
junto a los 34 excursionistas que lo acompañaron para despedirlo.
Dos semanas después se habilitó el Campo 1 (6.100
m), el 2 de mayo ya estaban en el Campo 2 (6.500 m) y en los días
subsiguientes trabajaron para equipar el Campo 3 (7.350 m).
Aquí terminó la etapa de equipamiento de la ruta y
todos se regresaron a descansar al Base. Además, en algún
momento de esos días, se decidió que Lucero no iría
a la cumbre. Razones varias hubo, pero, no hay misterio aquí,
casi todas ellas estaban asociadas a su edad.
La vida sigue igual. El 7 de mayo los chilenos salieron del Base
con la idea de ir por la cima. Lo hicieron organizados en dos grupos
que fueron sufriendo modificaciones menores a medida que subían.
El primero de tales equipos habilitó el campo 4 (7.800 m)
e hizo cumbre el 11 de mayo, con Jordán, Meza, Olivares y
los dos Ibáñez. Al día siguiente le tocó
el turno a Guzmán, Varela, Becker, Alvial, Ibarra e Irarrázaval.
En total, 11 chilenos; todos con oxígeno excepto Olivares
y Alvial (siempre y cuando no lo hayan usado para dormir, algo que
por flojo no pude verificar). Regresaron al Base y de ahí
a nuestro país sin ninguna complicación adicional
digna de comentar.
Las buenas noticias primero. Este proyecto realizó el primer
ascenso nacional del Lhotse, logró el noveno ochomil para
nuestro país, se convirtió en la expedición
que más chilenos ha puesto en una de tales cimas, entregó
el tercer ochomil para Olivares y Alvial, realizó el primer
ascenso sudamericano femenino del Lhotse (por si no se dieron cuenta,
Ibarra es una dama), logró establecer un nuevo
record nacional de altitud para una cumbre escalada sin oxígeno
(para Alvial y Olivares, siempre y cuando hubieran cumplido la salvedad
mencionada) y, algo que exuda en cada uno de los eventos descritos
aquí, la demostración fehaciente de la excepcional
proficiencia que Jordán y Cía. han tenido cuando de
Himalaya se está hablando (un éxito que debe dolerles
a los rencorosos y envidiosos de siempre como yo).
Vamos a las malas. Son dos cosas que derechamente me parecen equivocadas.
Lo primero es que, en un país como el nuestro, donde tanto
cuesta hacer las cosas, no tiene nada de malo financiar expediciones
incorporando a personas que vayan en un rol de clientes.
O bien aceptar como miembros del equipo a personas que traen en
su manga los auspicios. De hecho, si me apuran un poco, les diría
que una parte relevante de las anteriores expediciones nacionales
al Himalaya han logrado financiarse de esa manera. Así es
que lo malo no es el hecho en sí... sino pretender ocultarlo.
O mejor dicho, al no comentarlo (hacer como que la cosa no existe),
coloca en un mismo plano de igualdad al deportista propiamente tal
(que es al que esta columna pretende dignificar) y al cliente.
Éste por supuesto que hace algo meritorio y merece nuestro
respeto, pero no por eso podemos pretender que están en la
misma situación de mérito deportivo.
Si continuamos con tal costumbre, entonces no reclamemos después
que cómo es posible que el 2004 el Círculo de Periodistas
Deportivos haya premiado a Andrónico Lúksic. Si cosas
como esas vuelven a ocurrir, la culpa primera será nuestra,
porque en el afán de conseguir financiamiento metemos a gatos
y tigres en el mismo cajón.
La otra crítica es con respecto a la forma como los medios
de comunicación interpretaron este logro (algo en lo cual
la expedición al Lhotse no tiene culpa), aspecto que normalmente
no comentaría aquí pero los periodistas ya me terminaron
de sacar todos los picorocos del basket.
Lo repito tal y cual como se lo dije a la prensa. Esta actividad
aporta, pero sólo sí se mira en el contexto nacional.
De hecho, de todos los logros con significación deportiva
que mencioné antes, sólo resiste el examen sudamericano
el de María Ibarra; el resto no (por ejemplo, el Lhotse ya
había sido subidos por el ecuatoriano Iván Vallejo,
el argentino Tomás Heinrich y el brasileño Waldemar
Niclevics, todos sin oxígeno). Por eso, si la prensa intenta
extrapolar tales triunfos como para demostrar nuestra supremacía
deportiva en el subcontinente... están absolutamente equivocados.
O sea, resumiendo y para no extenderme más. Según
los resultados, el primer ascenso nacional al Lhotse fue una interesante
actividad. Pero no más que eso.
Claro, ni menos tampoco.
Que Te Lo Cruzo, Que No Te Lo Cruzo
Cambio de tema. Al Campo de Hielo Norte se dirigió casi el
mismo grupo que en invierno del 2005 ascendió el Balmaceda.
Eran Pablo Besser (líder), Nicolás Von Graevenitz
y Francisco Urzúa, con la intención de realizar su
primer cruce longitudinal invernal y, de pasadita, realizar algunos
ascensos.
Salieron de Santiago el 1 de julio. Tras un primer intento fallido
de aproximación por mar, llegaron en avioneta a la laguna
San Rafael. A pesar de ingresar en pleno invierno, el glaciar no
estaba en buenas condiciones y retrasó su llegada a la meseta
superior (16 de julio). De ahí las cosas mejoraron y avanzaron
a una velocidad promedio diaria de 9 kilómetros (siempre
encordados). El 27 de julio remontaron el portezuelo Arenales y
el 2 de agosto salieron por el glaciar Steffen sin mayores incidencias.
No realizaron las escaladas planificadas debido a la demora que
tuvieron en el San Rafael.
Esta travesía fue la quinta realizada en sentido longitudinal,
la primera chilena y la primera invernal. Las anteriores fueron
la francesa, dirigida por Ilario Previtali (marzo 1993, en 26 días,
incluyendo el ascenso del San Valentín); los suizos Rómulo
Nottaris, Franco Dellatorre y Arturo Giovanoli (octubre 1993); los
británicos Alan Hubbard y Nigel Topping, junto a los italianos
Paolo Cavagnetto y Lorenzo Neptuno (1998); y uno en solitario, por
el mismo Dellatorre, en el verano del 2003. El cruce del inglés
Eric Shipton, acompañado del español Miguel Gómez
y los chilenos Eduardo García y Cedomir Marángunic
(verano 63-64 en 37 días) no fue completa dado que salieron
antes, a la altura del cerro Arenales.
Es evidente que tras esta actividad, Besser surge como un digno
heredero de Agostini. Sería la única persona (viva
o muerta) teniendo a su haber los dos Campos de Hielo. Y a eso hay
que sumarle los primeros ascensos invernales del Balmaceda y el
San Lorenzo (además recuerden que en sus años mozos
tuvo un interesante historial de escaladas en Fitz Roy y Torres
del Paine). Una figura que está pasando definitivamente a
la historia del montañismo chileno.
Eso es lo bueno. Sin embargo, blanco puro no es.
Si algo se aprendió de las variadas polémicas que
surgieron a raíz del primer cruce longitudinal en el Campo
de Hielo Sur es que hay que ser muy, pero muy cuidadoso con los
recorridos escogidos al hablar de travesía longitudinal,
para evitar que después vengan otras expediciones ofreciendo
rectas más rectas que las rectas.
Digo esto porque lo que Besser et al hicieron
fue regirse por la línea que sus antecesores habían
escogido antes, es decir, dejándose llevar más por
un factor cultural que geográfico (algo válido pero
no necesariamente correcto). Al hacerlo de esa manera, no recorrieron
una parte relevante del cabezal norte del Campo de Hielo Norte.
El problema con eso es que dejan un flanco al descubierto. Si en
los años por venir, llega otra expedición que ingrese
realmente por el norte geográfico, recorriendo el valle Exploradores,
remontando la vertiente norte del San Valentín y bajando
al plateau para luego seguir hacia el sur, tales atrevidos tendrán
todo el derecho del mundo para exigir que se les reconozca ser los
primeros en hacer la travesía longitudinal.
Y, si este recuento todavía existe por aquellos años,
yo tendré muchos problemas para no reconocer que tienen la
razón.
El Llanero Solitario
Si hubo un lugar que brilló sobre el resto esta temporada
fue en Yosemite.
En dicho sitio se reunieron 8 escaladores pertenecientes a tres
grupos distintos, algo inédito en nuestra historia y que
representa un avance en nuestro desarrollo deportivo.
Ahora, hablar de lo que hicieron y su valoración objetiva
tiene un problema. Y es que mucho antes de que varios de ellos pudieran
entender que preservativo no es sinónimo de preservante,
hubo un chileno que fue torcha en medio del medioevo nacional. Alguien
que con una mano por delante y otra por detrás se atrevió
a ir a Yosemite a aprender y mejorar su nivel técnico, incluso
llegando a destacarse de tal manera que se hizo un nombre dentro
del exigente ambiente californiano. Alguien que hizo tanto, que
aún hoy en día a pesar de los esfuerzos de esta Armada
Chilena, todavía los resultados de este llanero Solitario
no pueden ser mejorados. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Andrés
Zegers.
Y para que vean que no exagero, un listado preliminar, y para nada
completo, de las cosas que él realizó sería:
Iron Hawk (VI, 5.9/A4), Native Son (VI, 5.9/A4), Lost in America
(VI, 5.10/A5), Artic Sea (tercer ascenso; VI, 5.10/A4+), Plastic
Surgery Disaster (tercer ascenso; VI, 5.10/A5), Excalibur (en 39
horas non-stop, récord de escalada aún sin batir;
VI, 5.12/A4+), Zodiac (en 16 horas; VI, 5.7/A3-C3F), Aurora (VI,
5.7/A4), Mescalito (VI, 5.7/A3), The Nose (en 19 horas; VI, 5.13+
o 5.9/C1 o 5.8/C2), Salathé (VI, 5.11/A1), etc., etc., etc.
¿Qué tal?
Treintaitantos
Teniendo presente lo anterior, revisemos primero el accionar de
Carlos Pinto y Armando Moraga, quienes estuvieron en Estados Unidos
entre el 21 de agosto y el 2 de octubre, enfocados principalmente
en lo que es la escalada de velocidad.
No necesariamente en orden cronológico, un resumen de lo
que hicieron sería la Regular Northwest Face al Half Dome
en 15 horas (VI, 5.12 o 5.9/C1, 22 largos), la Salathe a El Capitán
en 20 horas y media (VI, 5.13b o 5.9/C2, 34 largos), la Chouinard-Herbert
en Sentinel Rock (5.11c o 5.9/A2, 15 largos), Serenity Crack (5.10d)
y Sons of Yesterday (5.10a), Astroman en Washington Column (5.11c,
12 largos), East Buttress en El Capitán (5.10b, 13 largos),
North Face en The Rostrum (5.11c, 9 largos), el free solo de Pinto
a Rochal Arches en 34 minutos (sólo usó la cuerda
para hacer un péndulo) y Separaty Reality (5.12a). También
visitaron Indian Creek, donde uno de los puntos remarcables fue
el free solo que hizo Pinto a la ruta Incredible Handcrack
(5.10c, 30 metros).
La otra cordada fue la de Darío Arancibia, Patricia Soto
y Rodrigo Fica, quienes se centraron en mejorar su nivel de escalada
artificial. Entre el 16 y 20 de septiembre subieron Lurking Fear
(VI, 5.13/A0 o 5.7/C2F), convirtiendo a Soto en la primera chilena
en escalar El Capitán, y luego, entre el 27 y 30, The Prow
en Washington Column (V, 5.6/C2F). Ahí Soto se regresaría
a Chile y sus compañeros se abocarían a escalar entre
el 8 y el 14 de octubre Dihedral Wall en El Capitán (VI,
5.8/A3) para terminar con Wet Denim Daydream a la Leaning Tower
(V, 5.6/A3).
Veintitantos
El último grupo a revisar estaba constituido
por Antonio Gamboa, Nicolás Gutiérrez y Sebastián
Rosende (los Golden Kids), quienes tenían una edad
promedio de... ¡20 años! (Gamboa con 18 y Gutiérrez
con 19, dejando a Rosende como el tata de 24). Sería bueno
acotar que este último, además, llegaba a California
tras escalar en Squamish donde, entre otras cosas, hizo Grand Wall
(5.11a, 12 largos) y Free Way (5.11c, 12 largos).
Estos muchachos, ya sean juntos o por separado, llevaron a cabo
lo mejor de la temporada. Sin colocar las graduaciones ya indicadas,
hicieron The Nose a El Capitán en 19 horas y media (pero
pre-fijaron cuerdas el día anterior; ergo, no es en el día),
la Regular Northwest Face del Half Dome ¡en 11 horas!, la
Salathe en 18, Crucifix en High Cathedral Rock (5.12 b, 450 m),
Lost Arrow Chimney (5.10a, 600 m), la West Face a la Leaning Tower
(V,5.7 C2F) en medio día (sin Gamboa), Lurking Fear (también
prefijaron cuerdas y sin Gamboa, pero acompañados de la escaladora
americana Christal Davis-Robins), Astroman, Chouinard-Herberd, East
Buttress, Separate Reality, etc.
Lo mejor aún estaba por venir. Como una manera de despedirse
en propiedad, Gutierrez y Rosende se propusieron escalar los 32
largos de Muir Wall a El Capitán (VI, 5.13c o 5.9/C4-A2)
en modalidad eyaculación precoz. Es decir, sin parar ni respirar.
De una. Non-stop.
Pero como era octubre ya y se encontraron con una serie de lluvias
que los forzaron a esperar hasta el día 7, que fue cuando
pintó para bueno. Se fueron a dejar el equipo al pie de ruta
y aprovecharon de memorizar bien el recorrido inicial (porque tendrían
que hacerlo de noche). Al día siguiente partieron del Campo
4 a las 2 de la mañana, recorriendo los aprox. 4 kilómetros
sentados los dos en una sola bicicleta. A las 4 ya estaban escalando.
Gutiérrez punteó hasta las Mammoht Terraces (11 AM).
Luego fue el turno de Rosende, que se despachó 10 largos
en 7 horas (6 PM). Con la noche ad-portas Gutiérrez comenzó
con otro bloque de 4, y luego Rosende con 4 más. Y así.
Hasta que a las 3 de la tarde del 9 de octubre, se pararon ambos
en la cúpula somital del gran macizo de El Capitán,
37 horas después de haber comenzado.
Clap, clap, clap...
Henríquez Inc.
Después de tanto speed climbing es fácil olvidarse
de los demás, pero no se preocupen, que a carterazo limpio
los pongo en línea de nuevo. Para que vean que hay otros
que también galopan salvaje por ahí, luchando a capa
y espada por progresar. Como Juan Henríquez, que esta temporada
tuvo varios aportes.
Primero, junto con Enrique Muñoz (España), se abocó
a la ruta directa a la pared Norte del Ranrapalca. Partieron escalando
200 metros de 60 grados, luego una cascada de hielo, un largo de
mixto, 350 metros de 70 grados, otro mixto de 5.9, 400 metros de
60 grados y, time-out, un vívac. Como es habitual, sin agua,
sin anafre, con sólo 400 gramos de pasas y maní para
los dos... A las tres de la mañana siguiente, aún
atontados por el frío, retomaron el ritmo y al amanecer ya
estaban en el último largo antes de salir al plateau. De
ahí tomaron el filo somital y tuvieron que decidir entre
seguir a la cumbre o bajar... Bajaron. Terminaron tras 10 rapeles
por la cara este y 40 horas ida y vuelta.
Después, acompañado de Nicolau Araujo (Brasil), escalaría
en el día la vía del 85 a la Esfingue y haría
un intento a la Cara Sur del Pirámide (se quedaron debajo
del sérac de salida). Luego una escalada en solo al Murruraju
(5.000 m) y, para ir terminando digo yo, a mediados de agosto, junto
a Alex Koller y Andrés Zegers realizaron el primer ascenso
en el día del volcán Puntiagudo, por la Arista Este
(en 17 horas ida y vuelta desde el lago Rupanco). No usaron la cuerda,
excepto para hacer 3 rapeles en el descenso (aprovecho de comentar
que tras esa escalada al Puntiagudo, hubo otra realizada poco tiempo
después, el 16 de septiembre, por Cristián Baumeister,
Pilar Cabrera y los hermanos Matías y José Potthoff).
Volviendo al Ranrapalca, según yo (y puedo estar equivocado,
pero, ¿qué esperan?, reconstruir el historial del
andinismo chileno no es fácil), este sería el segundo
ascenso nacional por dicha pared, aunque la primera de ellas, la
de Andrés Zegers y Eduardo Mondragón, no sigue exactamente
el mismo recorrido que el de Henríquez.
Y, por si quieren seguir preguntando de lo copuchentos que ustedes
son, el resto de los otros ascensos nacionales al Ranrapalca (Gálvez,
Zárate, Vusina, Rada, Bugueño, Aurtenechea...) fueron
por la vertiente este. Y ninguna llegó hasta la cumbre.
Es decir, y para que vean el tremendo predicamento que significó
el análisis del primer ascenso chileno a la Torre Central
del Paine (latamente analizado antes), ¿significa eso que
todavía no hay chileno que haya subido el Ranrapalca? O,
si voy más lejos y esta temporada me aboco a subirlo y llego
a tocar la cumbre-cumbre... ¿me validaría eso para
afirmar que fui el primer chileno en subir el Ranrapalca?
¿Ridículo?
Premios
Originalmente Chiledeportes me iba entregar US$4.000 para repartir
entre mis premiados, pero me pareció raro que tuviese que
firmar un recibo por US$8.000 y mejor dije que no.
Es broma. Vamos a lo que importa. Maestro, por favor, música
épica.
La Brújula de Uranio por Mejor Expedición para...
¡el cruce norte-sur del Campo de Hielo Norte! Tal como eones
atrás comenté, es esperable que cada día haya
menos expediciones; este semestre, y usando la PAPA
como guillotina, no hubo ninguna otra (Lhotse no cumplía
con Población, Acceso ni Antecedentes), aunque ¡ojo!,
los Agostinis no recibieron el premio por descarte, sino porque
efectivamente hicieron una buena actividad.
El Ajo de Molibdeno por Mejor Deportista para... ¡Sebastián
Rosende! Una sorpresa para muchos, pero no para mí que todo
lo sé. Tras su periplo por Squamish y Yosemite no hubo pared
que se le haya resistido (100% éxito), mejorando lo que parecía
inmejorable, asombrando a los demás, llegando a escalar 5.12b
a vista colocando equipo. Ideal hubiera sido que mostrase su polivalencia
en otros escenarios, pero, también como dije eones atrás,
eso sólo es envidia de mi parte que no lo invalida para recibir
el premio. Detrás, en un cerrado segundo y no necesariamente
en orden, llegaron el resto de los Golden Kids más Carlos
Pinto y Armando Moraga.
La Jeringa de Plutonio por Mejor Ascenso Técnico para...
¡la escalada de Muir Wall! Otra vez me jodieron. Si bien menos
difícil que Dihedral Wall o Wet Denim Daydream, haber resuelto
en un solo envión los 33 largos requiere pericia, coraje,
testarudez e inocencia. Genial combinación y un buen ejemplo
para demostrar que el máximo grado técnico alcanzado
no lo es todo.
Por último, La Colchoneta de Tungsteno por Mejor Iniciativa
para... nadie. Desierto. Seguimos en sequía. Vamos boys,
¿qué ocurre? Más allá de los Encuentros
de Montaña, Diaporamas y Marih-boulder, no veo mucho... ¿Dónde
están las grandes ideas que hacen la diferencia? Aquellas
que yo sé que están en vuestras cabezas pero que no
se concretan. ¿Qué están esperando? ¡Muévanse!
Háganlas realidad ahora ¡YA!
Miren que en el país de los notables, el mañana
empiezo no existe.
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