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Temporada Alta 2006-2007
Por el Anticristo (mayo 2007)
No tengo ganas de hablar. Así es que sólo
lo mínimo para dar mis vulgares agradecimientos a Mikel Martiarena,
Darío Arancibia, Ignacio Morales, Camilo Rada, Patricio Vyhmeister,
David Valdés, Sebastián Rosende, Manuel Correa, Ralph
Jaiser, Francisco Rojas, Andrea Garrido, Álex Jiménez,
José Potthoff, Alejandro Mora, Walter Alvial, María
Ibarra, Valentino Rota, Juan Fernández, Michael Sánchez,
Eduardo Mondragón, Patricio Gana, Martin Waldhoer y Armando
Moraga, por haberme ayudado a producir el más inocuo e inútil
recuento de este lado de la galaxia.
Ya saben las reglas: octubre 2006 a marzo 2007 inclusive; sólo
aporte y evaluación deportiva; en Chile o en el extranjero
para chilenos (o extranjeros residentes); sin cumbre lógica
es intento; y, finalmente, de antemano pido las disculpas del caso
por los errores cometidos.
Como es entendible, graduaciones y altitudes aquí presentadas
sólo son de carácter referencial.
Lo Triste
Si la tragedia de Antuco en el 2005 no hubiera existido, estos últimos
seis meses habrían sido los peores que hemos visto desde
el verano del 2002 (que fue cuando ocurrió el desaparecimiento
de 7 jóvenes en el Campo de Hielo Norte). Y, ojo, que los
incidentes que paso a revisar a continuación no fueron todos
los ocurridos; hubo otros que preferí omitir porque sencillamente
ya repetían patrones conocidos (perdidos en el Provincia,
fracturas en el Osorno, desaparecidos en el Cajón del Maipo...)
Apenas comenzada la temporada, el 1 de octubre, hubo un incidente
múltiple en el volcán Villarrica. En una ascensión
guiada en esquís, y viniendo ya de regreso, el asistente
de guía Lucas Muñoz sufrió una caída
mientras descendía, acabando con laceraciones, fracturas
y un pulmón perforado. Para ir en su ayuda, el guía
a cargo no le quedó otra que dejar solo a sus clientes, dándoles
antes eso sí las instrucciones del caso para que continuaran
por un rato sin él. Lamentablemente eso no evitó que
dos de ellos, una mujer en snowboard y un francés en esquís,
se cayeran mientras intentaban bajar. En esos precisos instantes,
y mientras una patrulla del Cuerpo de Socorro Andino de Pucón
y otros guías subían para ayudar, se reportó
un accidente en otro grupo: una clienta que bajaba deslizándose
sentada en la nieve, no había podido frenar su desplazamiento
y se había golpeado contra unas piedras, ocasionándose
una posible fractura de hombro. Pese a que los socorristas tuvieron
que dividirse para atender ambas emergencias, todos los heridos
fueron evacuados adecuadamente y no hubo víctimas fatales
que lamentar.
Más tarde en ese mismo mes, el 21, falleció Carolina
Barahona en el cerro Chacayes, valle de Morales. Ascendía
esta cumbre junto a su padre Mauricio y su amiga Daniela Rojas;
tras hacer cumbre, y mientras descendían por terreno abrupto
con la noche viniéndose encima, Carolina cayó por
una empinada pendiente de nieve hasta estrellarse contra unas rocas.
Su muerte fue constatada algunos minutos después por su padre,
quien, tras permanecer un tiempo junto a ella asimilando la desgracia,
siguió bajando para dar aviso y también para solicitar
ayuda para Rojas (quien se había quedado esperándolo
más arriba en un lugar relativamente seguro).
Veinte días después, el 9 de noviembre, desaparece
el connotado montañista suizo Franco Dellatorre, al caer
en una grieta en el sector del cerro Arenales, Campo de Hielo Norte.
El helvético venía junto a su compatriota Geo Dotta
con la intención de hacer algunas escaladas en una zona que
le era habitual (entre otras cosas, Dellatorre había sido
la primera, y hasta la fecha, única persona en cruzar solo
longitudinalmente el Campo de Hielo Norte). Tras el accidente, Dotta
avisó de lo ocurrido por teléfono satelital, pero
el proceso del rescate mismo tomó varios días, siendo
los esfuerzos por llegar al accidentado de distinta calidad y consistencia
(la mayor parte de ellos frustrados por mal tiempo). Tres semanas
después de ocurrida la desgracia, el mismo Dotta, acompañado
ahora del suizo Arturo Giovanolli y una tercera persona sin identificar,
llegaron por tierra a la grieta en cuestión, encontrándola
tapada.
La tercera víctima fatal fue Carlos Pinto, conocido y querido
escalador nacional que acababa de regresar de EE.UU. y de un ascenso
a la aguja Guilloumet (trabajando como guía). El 21 de noviembre
estaba escalando en roca junto a Felipe González Donoso en
el sector de la Quebrada de los Loros. Pinto iba de primero cuando
sufrió una larga caída que terminó por dejarlo
mal herido en un punto más abajo del relevo. González
llegó a él y le brindó la debida asistencia,
pero constatando la gravedad de sus lesiones, se dirigió
al retén de Carabineros de Queltehues para solicitar ayuda.
Pinto sería evacuado en helicóptero a la Posta Central
de Santiago, pero no se recuperaría y fallecería dos
semanas después, el 4 de diciembre.
Por esas mismas fechas, el domingo 26 de noviembre, se realizaba
un ascenso masivo al volcán Osorno organizado por el club
de Montaña Amun Newen. Mientras se llevaba a cabo, Álex
Jiménez, uno de los participantes, sufrió una caída
que lo dejó con heridas serias en ambos tobillos. Fue socorrido
en el lugar y evacuado a Puerto Varas, donde se le diagnosticó
luxo-fractura en el tobillo izquierdo y esguince grado 3 en el derecho,
además de contusiones leves en manos, rodillas y codos. Hoy
Jiménez se encuentra bastante recuperado; nada más
que con las habituales sesiones de quinesioterapia propias de estas
lesiones.
Ya en el 2007, el 18 de febrero falleció el ciudadano alemán
Dietnar Degennordt, también en el volcán Osorno y
también por caerse. Subió acompañado de Armin
Dubendorfer (Suiza) y, al estar aprox. a los 2.100 metros de altitud,
Degennordt se habría resbalado y terminado por golpearse
en unas rocas. Su acompañante trató de auxiliarlo
pero, al ver lo malherido que estaba, optó por ir a pedir
ayuda. GOPE y otros guías de montaña fueron en su
rescate pero no lo encontrarían sino hasta las 10:45 hrs.
del día siguiente, ya sin vida. Su autopsia revelaría
que habría fallecido de una fractura subtural de cráneo.
Casi una semana después, el 24, falleció Ricardo Ríos,
producto de una caída en el cerro El Plomo. Formaba parte
de un grupo donde también estaban Jorge Zúñiga
y César Valdivia. Tras bajar de la cumbre, decidieron descender
por el glaciar Iver; mientras lo hacían, Ríos se resbaló
y cayó largamente hasta chocar con unas piedras. Su cuerpo
sería retirado de la montaña el 27 de febrero, gracias
a un esfuerzo conjunto de civiles y carabineros.
A todos los involucrados, mis más sinceras condolencias.
Lo Bueno
En Antártica hubo una nueva expedición de la Fundación
Omega y su esfuerzo por medir la altitud de las cumbres más
importantes del Vinson Massif. Siempre liderada por Damien Gildea
(Australia) y con participantes de distintas nacionalidades.
Esta temporada el objetivo era subir las más altas e inescaladas
montañas de la cordillera Centinela. Aparte de Gildea estaba
Jed Brown (EE.UU.) y nuestros compatriotas Camilo Rada y María
Ibarra. El nombre del proyecto era Unclimbed Antarctica.
Usando a la empresa ALE como operador logístico, arribaron
al campo base del Vinson en la segunda quincena de noviembre. De
ahí caminaron hacia el sur 24 kilómetros en dos días
y establecieron una especie de base avanzado, desde donde se centraron
en su primer objetivo: el monte Rutford (el cual, según anteriores
mediciones de Gildea, era la más alta inescalada cumbre de
Antártica).
Al principio tuvieron visibilidad pobre. Por mientras, para aclimatarse
y probar los sistemas de medición, el 3 de diciembre hicieron
los segundos ascensos al Atkinson y al Slaughter (éste, cinco
días después). Fue precisamente aquí que, y
tal como lo comentó el imbécil ese que escribe en
La Segunda, se cayó un bloque de hielo mientras Rada resolvía
una pasada de hielo, golpeándolo y rompiéndole un
diente. Al regresar a la carpa, y dada la falta de alternativas,
nuestro amigo no le quedó otra que pegárselo con pegamento.
Pero mucho no funcionó, porque un matinal sorbo de leche
hizo que se lo tragara. Le tomaría dos días recuperarlo...
tras la respectiva blanda y tibia inspección de lo que ya
no era suyo.
Una vez que el tiempo mejoró, el 9 de diciembre, Gildea y
Brown partieron tras el Rutford por su cara oeste, pero aquel se
sintió mal y regresó. Poco después Brown estaría
en la cumbre (primer ascenso) y luego los chilenos harían
el segundo, retirando el GPS previamente dejado en la cima para
tomar datos.
Este esquema se repetiría siempre: una cordada dejando el
aparato, otro retirándolo; más tarde, enviando la
información vía transmisión satelital para
su procesamiento. Los resultados siempre con errores de menos de
medio metro. En este caso: Rutford resultó tener 4.477 m,
Atkinson 3.192 y Slaughter 3.444 m.
Con eso se dieron por satisfechos y regresaron al Campamento Base
en el glaciar Branscomb. Ahí, el 15 de diciembre, Brown subiría
el Vinson (4.892 m) en el día, solo y por una ruta nueva
(que transcurre por el sector izquierdo de su cara oeste). Y, para
no ser menos, los chilenos harían lo mismo al día
siguiente al Shinn.
Para ello, Rada e Ibarra siguieron la ruta normal del Vinson hasta
el headwall, donde se desviaron a la izquierda. Tras remontar las
secciones de roca (algo que no les fue tan fácil), se unieron
al tercio superior de la ruta normal al Shinn, haciendo cumbre y
regresando al base en 21 horas ida y vuelta. A su vía la
denominaron Sol de Medianoche.
La tercera etapa de la expedición comenzó el 19 de
diciembre cuando fueron trasladados en avión al valle del
glaciar Embree. Allí en general, les tocó mal tiempo.
Hicieron un intento y medio al monte Todd (en uno de ellos Brown
gatilló una tremenda avalancha de placa), el 30 de diciembre
subieron el Bentley y la víspera de año nuevo Brown
y los chilenos realizarían el primer ascenso al monte Press.
El posterior procesamiento de los datos revelaría que el
Bentley mide 4.137 m. y el Press 3.732 m.
La cuarta y última etapa comenzaría el 3 de enero,
cuando se alejaron a pie del glaciar Embree para una larga travesía
que los llevaría al Anderson y el Giovinetto. El 8 de Enero,
partiendo de un campamento base a los 2.290 m., Gildea y Brown escalaron
el primero de ellos, haciendo 8 largos de ida ¡y 25 rapeles
de bajada!, (en 38 horas) Posteriormente Ibarra y Rada harían
el segundo ascenso, recorriendo esencialmente el mismo itinerario,
pero en menor tiempo: 14 horas (escucharon correr agua, algo inaudito
en la Antártica Continental.
De ahí se fueron al Giovinetto, que quizás ustedes
recuerden porque fue intentado por Expedición Antártica
en el 2002 (aunque por la otra vertiente, la este). El 20 de enero,
Gildea y Brown intentaron la cumbre, pero aquel se devolvió
y Brown siguió solo hasta terminar. Al día siguiente,
Rada e Ibarra harían el segundo ascenso. El 23 de enero,
y como para ir terminando digo yo, los chilenos harían la
primera escalada del Morris e iniciarían su largo regreso
a casa (vía Vinson, Patriot Hills y Punta Arenas).
Las nuevas altitudes para el Anderson, Giovinetto y Morris fueron
4.144 m, 4.076 m, y 3.806 m, respectivamente.
En mi opinión, y si dejamos de lado las travesías,
esta fue (y por lejos) la mejor expedición de montañismo
en la cual hayan participado chilenos en Antártica. Los méritos
deportivos absolutos son extensos y casi nos hacen olvidar que Ibarra
es una dama (lo que viene a confirmar lo que vengo afirmando desde
hace un tiempo: el nivel deportivo de María Paz es tan bueno
que se tiende a compararlo directamente con los varones, sin hacer
discriminación positiva).
Evidentemente los chilenos fueron perjudicados por la estructura
que se estableció en las escaladas (al ser el equipo de retirada,
no hicieron los primeros ascensos de los más importantes:
Rutford, Anderson y Giovinetto), pero... a caballo regalado no se
le miran las mocos. Además que, a pesar de esta restricción
artificial, igual se dieron la maña de tener sus propios
primeros ascensos (Press y Morris) más una ruta nueva en
el Shinn (que a menos que me equivoque, sería la segunda
abierta a dicha montaña).
Lo Nuestro
De la misma manera que el semestre anterior lo mejor se concentró
en un sólo sitio (Yosemite), ahora ocurrió lo mismo
pero en la Patagonia chileno-argentina. Fue aquí donde los
mejores escaladores y montañistas nacionales dirigieron sus
pasos.
Iniciemos la respectiva revisión con lo ocurrido en Torres
del Paine.
El 16 de enero (y tal como lo publica Escalando.cl), Felipe González
Donoso subió el Cuerno Principal del Paine, cubriendo los
2.400 metros de desnivel en poco más de 12 horas. Lo notable
es que, si bien llevaba cuerdas y equipo, lo hizo en free-solo,
en parte porque ya bien arriba le tocó mal tiempo y prefirió
salir rápido de la situación.
¿Alguién sabrá cuántos ascensos en solitario
tiene el Cuerno Central del Paine? Según yo, el de González
Donoso por lo menos sería el primero nacional (el de Juan
Sebastián Montes no cuenta, porque, infortunadamente, se
topó en los largos superiores con gente de la UC y compartieron
cuerda). No tengo más datos respecto a escaladas de extranjeros,
por lo que cualquier hint al respecto es bienvenido.
Posteriormente, el 11 de febrero, Ignacio Morales, junto al ya mencionado
González Donoso, haría un intento a la ruta Bonington
en la Torre Central del Paine, partiendo a las 2 de la mañana
del campamento Torres y llegando a las 19:30 hrs. muy cerca de la
cumbre, en algún punto en la base del torreón final.
Lamentablemente, se devolvieron por mal tiempo, en lo que fue un
intento extraordinario dado que, intercambiándose ambos la
punta, fueron capaces de encadenar gran parte de la ruta (le faltaron
sólo 2-3 largos, llegando a escalar en libre hasta 5.11-).
Habría otras actividades. Morales y González Donoso
también probarían La Última Esperanza
a la Torre Norte del Paine, Juan Fernández haría en
solitario el Ostrava (2.250 m) y el 14 de enero, Héctor Vargas
y Patricio Vyhmeister subirían la Aleta del Tiburón
por la ruta Nuestro Primer Rayo (5.9, 500 m, 15 largos).
Ellos formaban parte de un grupo de la Universidad San Sebastián
de Concepción, donde también estaban Fanor Velasco,
Claudio Neira y Sebastián Kaempfe.
Lo Lindo I
Pasemos la frontera y vayamos al área que rodea al monte
Fitz Roy, que fue donde estuvo el queso de la empanada. O el cuesco
del durazno. O el engaño del sostén.
Una cordada que se mantuvo muy activa fue la de Francisco Rojas
y Fernando Depix. En los 45 días que permanecieron en la
zona tuvieron la oportunidad de hacer 6 intentos. El 14 de enero
fueron a la Guilloumet (2.539 m) por el espolón Brenner (TD-,
6b, 400 m) pero sólo llegaron hasta el collado dónde
se une al corredor Amy y se devolvieron por mal tiempo. Luego, el
19 de enero, escalaron la Aguja de la S (2.335 m) por la ruta austriaca
(TD-, 6-, 50°, 13 largos, 450 m). Ocho días más
tarde tuvieron mejor suerte con el espolón Brenner, coronando
su cumbre (primer ascenso nacional de dicha ruta). Después
hicieron un intento a la ruta argentina (5.10a, A1, 21 largos, 600
m) de la Mermoz (2.732 m), intentaron abrir una nueva ruta en la
cara oeste de la Guilloumet (escalaron 120 metros de A1/6b+) y,
para terminar, un nuevo y final intento a la Mermoz (donde alcanzaron
a hacer 12 largos).
En paralelo, a mediados de enero, José Edwards y Alejandro
Mora intentaron la Desmochada (2.650 m) por la ruta Golden Eagle
(V 5.11 A1, 800 m), aquella abierta por Stefan Siegrist y Alex Huber.
Sólo alcanzaron a hacer 6 largos.
Días después, el 26 de enero, el mismo Mora, acompañado
ahora de Nicolás Gutiérrez, escalaron El Mocho por
su cara este. De los 13 largos que hicieron, los primeros 6 al parecer
serían inéditos, mientras que los últimos 7
definitivamente iban por la ruta Benitiers (500 m, ED-, 6b obl/A1).
Luego vendría la otra gran escalada en solitario de esta
temporada. El ya mencionado Mora realizaría el segundo ascenso
nacional, y primero en solitario, a la aguja Innominata (2.501 m),
por la ruta Anglo-Americana (6b, 600 m). Para ello Mora partiría
de Chaltén el 1 de febrero. Tras pasar una noche en Niponino,
salió de su carpa a las 7 de la mañana. Escaló
9 largos de V+ (encontrando mucho hielo e incluso sufriendo una
impensada caída), llegó al filo sur, enfrentó
el crux de la ruta, tuya, mía, para ti, para mí, y
arribó a su cumbre a las 6 de la tarde del 2 de febrero,
tras 8 horas de escalada propiamente tal. Bien bonito todo, excepto
que fue justo ahí cuando se desencadenó la tormenta
y transformó la bajada en una pesadilla. De hecho, los rapeles
se llegaron a complicar tanto que Mora prefirió desescalar
donde le fuera posible. En su carpa estaría de regreso a
las 2 de la mañana.
Lo Lindo II
A principios de febrero la temporada estaba ya cerca de su punto
álgido, días en que precisamente llegaron Sebastián
Rosende y María Ibarra para sumarse a la fiesta. ¿El
siguiente objetivo para tal ambicioso grupo de jóvenes escaladores?
Obvio. Doblegar la ruta Franco-Argentina (650 m, 6a/A1+) al Fitz
Roy (3.406 m).
Se organizaron en dos cordadas: Ibarra con Mora, Rosende con Gutiérrez.
Partieron de Madsen el 7 de febrero y acamparon en la Laguna de
los 3; el 8 alcanzaron a subir hasta la Brecha de los Italianos,
la cual estaba en tan malas condiciones (por la cantidad de nieve
y el calor) que optaron por retirarse. Vuelta a bajar hasta Madsen.
Chalten 1, Chile 0.
Al día siguiente hicieron otro esfuerzo, pero sin Rosende
(que experimentaba dolor en una rodilla). Volvieron a pasar por
la Brecha, remontaron La Silla y comenzaron, pero Ibarra prefirió
marginarse del intento para darle más chance a sus compañeros.
Mora y Gutiérrez siguieron e incluso llegaron bastante arriba,
faltándoles sólo un largo de roca y la subida de la
cúpula somital. Bajaron de noche con buen tiempo. Chalten
2, Chile 0.
Pero la cumbre importa parece decir la canción, porque estos
testarudos insistieron el 17 de febrero. Ahora el equipo estaba
constituido por Gutiérrez, Mora y Rosende (éste obligado
a recuperarse de su dolencia). Salieron de Chaltén y nuevamente
llegaron hasta la Brecha de lo Italianos, pero como había
tanto viento prefirieron bajar hasta Paso Superior y pasar ahí
la noche esperando por una mejoría.
Sabia decisión. Porque a las 4 de la mañana del día
siguiente hubo buen tiempo, y ahora sí que sí nada
los detendría. A las 9 ya estaban escalando. Pese a lo que
podría pensarse, en la ruta sólo se toparon con una
cordada (que además dejaron atrás, así es que
en la vía estuvieron esencialmente solos). Los primeros cinco
largos fueron de Mora, después cinco más a cargo de
Rosende y los últimos cuatro de Gutiérrez. A la cumbre
llegaron a las 8 de la noche, tiempo suficiente sólo para
sacarse un par de fotos y, chau, para abajo. Sin incidentes estuvieron
de amanecida en Paso Superior, donde llegaron a la hora 25 de su
actividad.
Chalten 2, Chile 3.
Este sería el segundo ascenso realizado por una cordada completamente
chilena (tras Fuentes-Barcena) y los compatriotas números
5, 6 y 7 en pisar su cima (los otros nacionales fueron Cassasa y
Edwards).
Y qué jué, los pendejos la hicieron otra vez.
Lo Lindo III
Finalmente, como desquite por la insolencia femenina de venir a
meterse a tierra de hombres, dejé para el final la participación
de la cordada constituida por Andrea Garrido y Manuela Méndez,
quienes poco a poco han ido estableciendo hito tras hito en el montañismo
femenino chileno (entre otras cosas, fueron las responsables del
primer ascenso de una cordada femenina a la Pared Sur del Arenas).
De entrada, durante los primeros días de febrero ellas realizaron
el primer ascenso nacional femenino de la aguja Guilloumet, por
la ruta Fonrouge (TD, 6b/A1, 600 m), una escalada que iniciaron
a las 8 de la mañana y que las dejó en la cumbre a
las 15:30 hrs. Estuvieron una hora allí, disfrutando la vista
y el increíble día (nublado, pero con calor y sin
viento). En el descenso todo iba bien hasta que a unos pocos metros
de salir de la ruta, Garrido se cayó; no mucho, pero sí
lo suficiente como para que lesionarse el hombro y obligarlas a
rapelear un buen resto más. En todo caso, estuvieron en su
carpa a las 12 de la noche de ese mismo día.
Lo mejor aún estaba por venir. Pocos días después
se les uniría Ibarra (tras su participación en el
intento al Fitz Roy) y, todas juntas, llevarían a cabo la
más importante actividad jamás realizada por una cordada
chilena femenina en Patagonia: la escalada a la aguja Poincenot
(3.005 m) por la rampa Whillans (550 m, 5+, 60°).
Estas osadas féminas partieron en la tarde del 16 de febrero
del campamento Madsen en Chaltén. Cuatro horas les tomó
llegar a la Laguna de los 3, donde armaron carpa y descansaron.
Pasada la medianoche subieron a Paso Superior, pero cometieron el
error de irse en dirección a Royal Flush. Mas no importa,
Control-Z, y giro en 180°.
A las 9 de la mañana ya estaban al inicio de la rampa. Los
primeros 3 largos se aseguraron normalmente, el resto a capela,
hasta llegar a los largos de mixto, a la 1 de la tarde. Éstos
no fueron fáciles, porque había hielo en las fisuras,
pero, de una manera u otra, los fueron resolviendo, siempre con
zapatos plásticos, siempre con viento. La noche se vino encima
cuando todavía estaban escalando; dieron con una pequeña
terraza y trataron de hacer un vívac, pero el frío
era demasiado. Prefirieron seguir moviéndose para mantener
el calor. Continuaron toda la noche y en algún momento terminó
por amanecer. Finalmente, a las 10 de la mañana del 10 de
febrero, estuvieron en el torreón somital, donde se acostumbra
parar, 5 metros debajo de la cumbre misma.
De bajada, se cruzaron con otras cordadas que subían. Una
de ellas, unos belgas, al rapelear arrojaron varias piedras, golpeando
el brazo izquierdo de, adivinen quien, exacto, Andrea. El impacto
dolió bastante y le provocó una hinchazón terrible
(posteriormente descubrirían que tenía un tremendo
tajo... 5 puntos buenos).
Ya terminado los avatares anteriores, y una vez que el brazo de
Garrido se recuperara un tanto, Ibarra y Garrido intentarían
la ruta austriaca a la Aguja de la S, pero sólo llegarían
hasta el collado (mucho viento).
Molido
Hubo más y más cosas, pero, tengan piedad, debo ir
terminando. Sólo queda energía para colocar aquí,
en un proto-orden cronológico, el resto de las otras actividades
que merecían ser nombradas.
Ignacio Morales y Mikel Martiarena (España) hicieron un intento
para ser los primeros en escalar en el día el mirador del
Morado y la Pared Sur del Morado (a mediados de octubre). Partieron
a las 10:15 PM acompañados de Carlos Bascou (quien iba hasta
el Mirador, pero se devolvió antes). Los boys subieron por
nieve profunda y, tras llegar a las 7:15 a la cumbre del Mirador,
Martiarena no se sintió lo suficientemente fuerte como para
proseguir y se regresaron (el vasco ya había subido la sur
del Morado en enero del 2004).
El 22 de ese mismo mes, Juan Carlos Caro y Elvis Acevedo hicieron,
al parecer, una nueva variante a la Punta Rodríguez (3.458
m) desde el cajón de Morales. Ellos subieron por la vertiente
sur y salieron hacia oeste tras hacer una travesía. Todo
en 8 horas y medias, de la carpa a la cumbre (más 2 horas
para bajar).
A mediados de noviembre, y previo a su viaje al Fitz Roy, Sebastián
Rosende y Nicolás Gutiérrez intentaron la Pared Sur
del Morado en el día. Salieron desde Baños Morales
a las 00:30 hrs., con una cuerda de 70 metros. Avanzando bastante
en simultáneo, en apenas 5 largos llegaron súper arriba,
pero se tuvieron que devolver porque las condiciones climáticas
no eran buenas (y además reportaron continuas caídas
de piedra).
El 12 de diciembre Franco Rodríguez y David Miranda realizaron
el segundo ascenso al cerro Serrucho (4.765 m), 55 años después
de la primera realizada por Walter Bachmann, Enrique Vidaurrázaga
y Evelio Echevarría (19 de diciembre de 1951). Nuestros amigos
usaron la misma ruta de aproximación de los aperturistas
(vertiente sur), partiendo en el día de cumbre desde un campo
alto ubicado a 3.150 m.
Ese mismo mes, Juan Henríquez hizo en dos horas la travesía
Rincón Vallecitos en el Cordón del Plata, en
Argentina, un recorrido que presenta dificultades de hasta 5.8 en
roca de mala calidad y que, al parecer, nunca antes había
sido realizado por un chileno. Luego de eso, Henríquez escaló
en solo la cara sur del Tolosa (5.300 m), venciendo dificultades
de hasta 50 grados en hielo y 5.9 en roca.
En Antártica, Patricia Soto siguió con su Seven Summits
modalidad pulso y subió el Vinson el 25 de diciembre (tres
semanas después repitiría el hecho, en ambas ocasiones
trabajando como Guía de montaña para la ALE). A Soto
sólo le va quedando el Puncak Jaya, en Indonesia. De conseguirlo,
y siempre y cuando no surja una rival, se convertiría en
la primera sudamericana en lograrlo.
El 5 de enero Claudio Aguilar y Fernando Fainberg escalaron el cerro
Pantojo, una pequeña aunque espectacular aguja que se ve
desde el camino que une Osorno con Bariloche. Fueron 200 metros
de escalada por buena y sellada roca, de dificultad máxima
5.7. Este sería probablemente el primer ascenso nacional
(ya contaba con ascensos argentinos).
Dos días después, los chilenos Luis Concha y William
Saintard, abrirían una ruta nueva a la cumbre norte de la
Torre de Flores, una montaña localizada en el cajón
del mismo nombre, al interior de Rancagua. El ascenso les supuso
resolver dificultades de hasta 5.7 y 85° en hielo glaciar.
Suma y sigue. Un intento al Tronador desde Chile por los hermanos
José y Matías Potthoff entre el 19 y 24 de febrero
(el mal tiempo los tiró para abajo); un ascenso al cerro
Solo por Valentino Rota y José Correa (a principios de febrero);
una repetición de Aitona, por Eduardo Mondragón y
Francisco Morales (10/11/2006); aperturas de varias rutas en Cochamó,
entre ellas Pulso (Michael Sánchez y Luis Pavez;
5.10c, 9 largos, la primera vía de pared abierta por chilenos)
e Ícaro y la Luna (el mismo Sánchez más
el alemán Martin Waldhoer; 5.10c, 11 largos, 900 m); el primer
ascenso en el día de la cara sur del Mesón Alto, por
Andrés Zégers y Ralf Jaiser (en 10-11 hrs., en la
primera semana de noviembre); una nueva ruta al cerro Alto (6.165
m), por Patricio Gana, Ernesto Olivares y Cristián García
Huidobro; el primer ascenso de Walicho (IV 5.10c A1 300 m 7 largos)
en Torres del Paine, por André Labarca, Tomás Márusic
y Jaime Sapunar, etc., etc., etc.
Los Premios de la Antiacademia
Vamos a lo que distingue.
La Brújula de Uranio por Mejor Expedición para...
nadie ¡Desierto! De hecho sólo hubo una, Unclimbed
Antarctica, pero esta no era una expedición deportiva
propiamente tal (sino que semi-científica) y, como tal, como
ustedes ya bien saben, aquí lo que se premia es aquellos
que llevan el deporte como rúbrica fundamental.
El Ajo de Molibdeno por Mejor Deportista para... Alejandro Mora.
Felicitaciones. Sus 3 escaladas, una de ellas una variante, otra
en solitaria, la tercera al Fitz Roy, destacan y le dan el rotulo
de Príncipe para este período de 6 meses.
La Jeringa de Plutonio por Mejor Ascenso Técnico para, uf,
nadie. En realidad, creo que llegó la hora de explicar bien
exactamente en qué consiste este galardón. Pero por
mientras comento que, si revisan todo lo hecho esta temporada, por
muy buenas que los ascensos hayan sido, no hubo ninguna escalada
que nos hubiera dejado con la boca re-abierta debido a las dificultades
técnicas que sus protagonistas hubieron de sobrellevar.
Por último, La Colchoneta de Tungsteno por Mejor Iniciativa
para... nadie. ¡Desierto! Brother. Sigue mal la cosa.
Y el sol no da de beber...
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