Anticristo: Temporada Alta 2006-2007
La Columna del Anticristo
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Temporada Alta 2006-2007
Por el Anticristo (mayo 2007)
No tengo ganas de hablar. Así es que sólo lo mínimo para dar mis vulgares agradecimientos a Mikel Martiarena, Darío Arancibia, Ignacio Morales, Camilo Rada, Patricio Vyhmeister, David Valdés, Sebastián Rosende, Manuel Correa, Ralph Jaiser, Francisco Rojas, Andrea Garrido, Álex Jiménez, José Potthoff, Alejandro Mora, Walter Alvial, María Ibarra, Valentino Rota, Juan Fernández, Michael Sánchez, Eduardo Mondragón, Patricio Gana, Martin Waldhoer y Armando Moraga, por haberme ayudado a producir el más inocuo e inútil recuento de este lado de la galaxia.
Ya saben las reglas: octubre 2006 a marzo 2007 inclusive; sólo aporte y evaluación deportiva; en Chile o en el extranjero para chilenos (o extranjeros residentes); sin cumbre lógica es intento; y, finalmente, de antemano pido las disculpas del caso por los errores cometidos.
Como es entendible, graduaciones y altitudes aquí presentadas sólo son de carácter referencial.
Lo Triste
Si la tragedia de Antuco en el 2005 no hubiera existido, estos últimos seis meses habrían sido los peores que hemos visto desde el verano del 2002 (que fue cuando ocurrió el desaparecimiento de 7 jóvenes en el Campo de Hielo Norte). Y, ojo, que los incidentes que paso a revisar a continuación no fueron todos los ocurridos; hubo otros que preferí omitir porque sencillamente ya repetían patrones conocidos (perdidos en el Provincia, fracturas en el Osorno, desaparecidos en el Cajón del Maipo...)
Apenas comenzada la temporada, el 1 de octubre, hubo un incidente múltiple en el volcán Villarrica. En una ascensión guiada en esquís, y viniendo ya de regreso, el asistente de guía Lucas Muñoz sufrió una caída mientras descendía, acabando con laceraciones, fracturas y un pulmón perforado. Para ir en su ayuda, el guía a cargo no le quedó otra que dejar solo a sus clientes, dándoles antes eso sí las instrucciones del caso para que continuaran por un rato sin él. Lamentablemente eso no evitó que dos de ellos, una mujer en snowboard y un francés en esquís, se cayeran mientras intentaban bajar. En esos precisos instantes, y mientras una patrulla del Cuerpo de Socorro Andino de Pucón y otros guías subían para ayudar, se reportó un accidente en otro grupo: una clienta que bajaba deslizándose sentada en la nieve, no había podido frenar su desplazamiento y se había golpeado contra unas piedras, ocasionándose una posible fractura de hombro. Pese a que los socorristas tuvieron que dividirse para atender ambas emergencias, todos los heridos fueron evacuados adecuadamente y no hubo víctimas fatales que lamentar.
Más tarde en ese mismo mes, el 21, falleció Carolina Barahona en el cerro Chacayes, valle de Morales. Ascendía esta cumbre junto a su padre Mauricio y su amiga Daniela Rojas; tras hacer cumbre, y mientras descendían por terreno abrupto con la noche viniéndose encima, Carolina cayó por una empinada pendiente de nieve hasta estrellarse contra unas rocas. Su muerte fue constatada algunos minutos después por su padre, quien, tras permanecer un tiempo junto a ella asimilando la desgracia, siguió bajando para dar aviso y también para solicitar ayuda para Rojas (quien se había quedado esperándolo más arriba en un lugar relativamente seguro).
Veinte días después, el 9 de noviembre, desaparece el connotado montañista suizo Franco Dellatorre, al caer en una grieta en el sector del cerro Arenales, Campo de Hielo Norte. El helvético venía junto a su compatriota Geo Dotta con la intención de hacer algunas escaladas en una zona que le era habitual (entre otras cosas, Dellatorre había sido la primera, y hasta la fecha, única persona en cruzar solo longitudinalmente el Campo de Hielo Norte). Tras el accidente, Dotta avisó de lo ocurrido por teléfono satelital, pero el proceso del rescate mismo tomó varios días, siendo los esfuerzos por llegar al accidentado de distinta calidad y consistencia (la mayor parte de ellos frustrados por mal tiempo). Tres semanas después de ocurrida la desgracia, el mismo Dotta, acompañado ahora del suizo Arturo Giovanolli y una tercera persona sin identificar, llegaron por tierra a la grieta en cuestión, encontrándola tapada.
La tercera víctima fatal fue Carlos Pinto, conocido y querido escalador nacional que acababa de regresar de EE.UU. y de un ascenso a la aguja Guilloumet (trabajando como guía). El 21 de noviembre estaba escalando en roca junto a Felipe González Donoso en el sector de la Quebrada de los Loros. Pinto iba de primero cuando sufrió una larga caída que terminó por dejarlo mal herido en un punto más abajo del relevo. González llegó a él y le brindó la debida asistencia, pero constatando la gravedad de sus lesiones, se dirigió al retén de Carabineros de Queltehues para solicitar ayuda. Pinto sería evacuado en helicóptero a la Posta Central de Santiago, pero no se recuperaría y fallecería dos semanas después, el 4 de diciembre.
Por esas mismas fechas, el domingo 26 de noviembre, se realizaba un ascenso masivo al volcán Osorno organizado por el club de Montaña Amun Newen. Mientras se llevaba a cabo, Álex Jiménez, uno de los participantes, sufrió una caída que lo dejó con heridas serias en ambos tobillos. Fue socorrido en el lugar y evacuado a Puerto Varas, donde se le diagnosticó luxo-fractura en el tobillo izquierdo y esguince grado 3 en el derecho, además de contusiones leves en manos, rodillas y codos. Hoy Jiménez se encuentra bastante recuperado; nada más que con las habituales sesiones de quinesioterapia propias de estas lesiones.
Ya en el 2007, el 18 de febrero falleció el ciudadano alemán Dietnar Degennordt, también en el volcán Osorno y también por caerse. Subió acompañado de Armin Dubendorfer (Suiza) y, al estar aprox. a los 2.100 metros de altitud, Degennordt se habría resbalado y terminado por golpearse en unas rocas. Su acompañante trató de auxiliarlo pero, al ver lo malherido que estaba, optó por ir a pedir ayuda. GOPE y otros guías de montaña fueron en su rescate pero no lo encontrarían sino hasta las 10:45 hrs. del día siguiente, ya sin vida. Su autopsia revelaría que habría fallecido de una fractura subtural de cráneo.
Casi una semana después, el 24, falleció Ricardo Ríos, producto de una caída en el cerro El Plomo. Formaba parte de un grupo donde también estaban Jorge Zúñiga y César Valdivia. Tras bajar de la cumbre, decidieron descender por el glaciar Iver; mientras lo hacían, Ríos se resbaló y cayó largamente hasta chocar con unas piedras. Su cuerpo sería retirado de la montaña el 27 de febrero, gracias a un esfuerzo conjunto de civiles y carabineros.
A todos los involucrados, mis más sinceras condolencias.
Lo Bueno
En Antártica hubo una nueva expedición de la Fundación Omega y su esfuerzo por medir la altitud de las cumbres más importantes del Vinson Massif. Siempre liderada por Damien Gildea (Australia) y con participantes de distintas nacionalidades.
Esta temporada el objetivo era subir las más altas e inescaladas montañas de la cordillera Centinela. Aparte de Gildea estaba Jed Brown (EE.UU.) y nuestros compatriotas Camilo Rada y María Ibarra. El nombre del proyecto era “Unclimbed Antarctica”.
Usando a la empresa ALE como operador logístico, arribaron al campo base del Vinson en la segunda quincena de noviembre. De ahí caminaron hacia el sur 24 kilómetros en dos días y establecieron una especie de base avanzado, desde donde se centraron en su primer objetivo: el monte Rutford (el cual, según anteriores mediciones de Gildea, era la más alta inescalada cumbre de Antártica).
Al principio tuvieron visibilidad pobre. Por mientras, para aclimatarse y probar los sistemas de medición, el 3 de diciembre hicieron los segundos ascensos al Atkinson y al Slaughter (éste, cinco días después). Fue precisamente aquí que, y tal como lo comentó el imbécil ese que escribe en La Segunda, se cayó un bloque de hielo mientras Rada resolvía una pasada de hielo, golpeándolo y rompiéndole un diente. Al regresar a la carpa, y dada la falta de alternativas, nuestro amigo no le quedó otra que pegárselo con pegamento. Pero mucho no funcionó, porque un matinal sorbo de leche hizo que se lo tragara. Le tomaría dos días recuperarlo... tras la respectiva blanda y tibia inspección de lo que ya no era suyo.
Una vez que el tiempo mejoró, el 9 de diciembre, Gildea y Brown partieron tras el Rutford por su cara oeste, pero aquel se sintió mal y regresó. Poco después Brown estaría en la cumbre (primer ascenso) y luego los chilenos harían el segundo, retirando el GPS previamente dejado en la cima para tomar datos.
Este esquema se repetiría siempre: una cordada dejando el aparato, otro retirándolo; más tarde, enviando la información vía transmisión satelital para su procesamiento. Los resultados siempre con errores de menos de medio metro. En este caso: Rutford resultó tener 4.477 m, Atkinson 3.192 y Slaughter 3.444 m.
Con eso se dieron por satisfechos y regresaron al Campamento Base en el glaciar Branscomb. Ahí, el 15 de diciembre, Brown subiría el Vinson (4.892 m) en el día, solo y por una ruta nueva (que transcurre por el sector izquierdo de su cara oeste). Y, para no ser menos, los chilenos harían lo mismo al día siguiente al Shinn.
Para ello, Rada e Ibarra siguieron la ruta normal del Vinson hasta el headwall, donde se desviaron a la izquierda. Tras remontar las secciones de roca (algo que no les fue tan fácil), se unieron al tercio superior de la ruta normal al Shinn, haciendo cumbre y regresando al base en 21 horas ida y vuelta. A su vía la denominaron “Sol de Medianoche”.
La tercera etapa de la expedición comenzó el 19 de diciembre cuando fueron trasladados en avión al valle del glaciar Embree. Allí en general, les tocó mal tiempo. Hicieron un intento y medio al monte Todd (en uno de ellos Brown gatilló una tremenda avalancha de placa), el 30 de diciembre subieron el Bentley y la víspera de año nuevo Brown y los chilenos realizarían el primer ascenso al monte Press. El posterior procesamiento de los datos revelaría que el Bentley mide 4.137 m. y el Press 3.732 m.
La cuarta y última etapa comenzaría el 3 de enero, cuando se alejaron a pie del glaciar Embree para una larga travesía que los llevaría al Anderson y el Giovinetto. El 8 de Enero, partiendo de un campamento base a los 2.290 m., Gildea y Brown escalaron el primero de ellos, haciendo 8 largos de ida ¡y 25 rapeles de bajada!, (en 38 horas) Posteriormente Ibarra y Rada harían el segundo ascenso, recorriendo esencialmente el mismo itinerario, pero en menor tiempo: 14 horas (escucharon correr agua, algo inaudito en la Antártica Continental.
De ahí se fueron al Giovinetto, que quizás ustedes recuerden porque fue intentado por Expedición Antártica en el 2002 (aunque por la otra vertiente, la este). El 20 de enero, Gildea y Brown intentaron la cumbre, pero aquel se devolvió y Brown siguió solo hasta terminar. Al día siguiente, Rada e Ibarra harían el segundo ascenso. El 23 de enero, y como para ir terminando digo yo, los chilenos harían la primera escalada del Morris e iniciarían su largo regreso a casa (vía Vinson, Patriot Hills y Punta Arenas).
Las nuevas altitudes para el Anderson, Giovinetto y Morris fueron 4.144 m, 4.076 m, y 3.806 m, respectivamente.
En mi opinión, y si dejamos de lado las travesías, esta fue (y por lejos) la mejor expedición de montañismo en la cual hayan participado chilenos en Antártica. Los méritos deportivos absolutos son extensos y casi nos hacen olvidar que Ibarra es una dama (lo que viene a confirmar lo que vengo afirmando desde hace un tiempo: el nivel deportivo de María Paz es tan bueno que se tiende a compararlo directamente con los varones, sin hacer discriminación positiva).
Evidentemente los chilenos fueron perjudicados por la estructura que se estableció en las escaladas (al ser el equipo de “retirada”, no hicieron los primeros ascensos de los más importantes: Rutford, Anderson y Giovinetto), pero... a caballo regalado no se le miran las mocos. Además que, a pesar de esta restricción artificial, igual se dieron la maña de tener sus propios primeros ascensos (Press y Morris) más una ruta nueva en el Shinn (que a menos que me equivoque, sería la segunda abierta a dicha montaña).
Lo Nuestro
De la misma manera que el semestre anterior lo mejor se concentró en un sólo sitio (Yosemite), ahora ocurrió lo mismo pero en la Patagonia chileno-argentina. Fue aquí donde los mejores escaladores y montañistas nacionales dirigieron sus pasos.
Iniciemos la respectiva revisión con lo ocurrido en Torres del Paine.
El 16 de enero (y tal como lo publica Escalando.cl), Felipe González Donoso subió el Cuerno Principal del Paine, cubriendo los 2.400 metros de desnivel en poco más de 12 horas. Lo notable es que, si bien llevaba cuerdas y equipo, lo hizo en free-solo, en parte porque ya bien arriba le tocó mal tiempo y prefirió salir rápido de la situación.
¿Alguién sabrá cuántos ascensos en solitario tiene el Cuerno Central del Paine? Según yo, el de González Donoso por lo menos sería el primero nacional (el de Juan Sebastián Montes no cuenta, porque, infortunadamente, se topó en los largos superiores con gente de la UC y compartieron cuerda). No tengo más datos respecto a escaladas de extranjeros, por lo que cualquier hint al respecto es bienvenido.
Posteriormente, el 11 de febrero, Ignacio Morales, junto al ya mencionado González Donoso, haría un intento a la ruta Bonington en la Torre Central del Paine, partiendo a las 2 de la mañana del campamento Torres y llegando a las 19:30 hrs. muy cerca de la cumbre, en algún punto en la base del torreón final. Lamentablemente, se devolvieron por mal tiempo, en lo que fue un intento extraordinario dado que, intercambiándose ambos la punta, fueron capaces de encadenar gran parte de la ruta (le faltaron sólo 2-3 largos, llegando a escalar en libre hasta 5.11-).
Habría otras actividades. Morales y González Donoso también probarían “La Última Esperanza” a la Torre Norte del Paine, Juan Fernández haría en solitario el Ostrava (2.250 m) y el 14 de enero, Héctor Vargas y Patricio Vyhmeister subirían la Aleta del Tiburón por la ruta “Nuestro Primer Rayo” (5.9, 500 m, 15 largos). Ellos formaban parte de un grupo de la Universidad San Sebastián de Concepción, donde también estaban Fanor Velasco, Claudio Neira y Sebastián Kaempfe.
Lo Lindo I
Pasemos la frontera y vayamos al área que rodea al monte Fitz Roy, que fue donde estuvo el queso de la empanada. O el cuesco del durazno. O el engaño del sostén.
Una cordada que se mantuvo muy activa fue la de Francisco Rojas y Fernando Depix. En los 45 días que permanecieron en la zona tuvieron la oportunidad de hacer 6 intentos. El 14 de enero fueron a la Guilloumet (2.539 m) por el espolón Brenner (TD-, 6b, 400 m) pero sólo llegaron hasta el collado dónde se une al corredor Amy y se devolvieron por mal tiempo. Luego, el 19 de enero, escalaron la Aguja de la S (2.335 m) por la ruta austriaca (TD-, 6-, 50°, 13 largos, 450 m). Ocho días más tarde tuvieron mejor suerte con el espolón Brenner, coronando su cumbre (primer ascenso nacional de dicha ruta). Después hicieron un intento a la ruta argentina (5.10a, A1, 21 largos, 600 m) de la Mermoz (2.732 m), intentaron abrir una nueva ruta en la cara oeste de la Guilloumet (escalaron 120 metros de A1/6b+) y, para terminar, un nuevo y final intento a la Mermoz (donde alcanzaron a hacer 12 largos).
En paralelo, a mediados de enero, José Edwards y Alejandro Mora intentaron la Desmochada (2.650 m) por la ruta Golden Eagle (V 5.11 A1, 800 m), aquella abierta por Stefan Siegrist y Alex Huber. Sólo alcanzaron a hacer 6 largos.
Días después, el 26 de enero, el mismo Mora, acompañado ahora de Nicolás Gutiérrez, escalaron El Mocho por su cara este. De los 13 largos que hicieron, los primeros 6 al parecer serían inéditos, mientras que los últimos 7 definitivamente iban por la ruta Benitiers (500 m, ED-, 6b obl/A1).
Luego vendría la otra gran escalada en solitario de esta temporada. El ya mencionado Mora realizaría el segundo ascenso nacional, y primero en solitario, a la aguja Innominata (2.501 m), por la ruta Anglo-Americana (6b, 600 m). Para ello Mora partiría de Chaltén el 1 de febrero. Tras pasar una noche en Niponino, salió de su carpa a las 7 de la mañana. Escaló 9 largos de V+ (encontrando mucho hielo e incluso sufriendo una impensada caída), llegó al filo sur, enfrentó el crux de la ruta, tuya, mía, para ti, para mí, y arribó a su cumbre a las 6 de la tarde del 2 de febrero, tras 8 horas de escalada propiamente tal. Bien bonito todo, excepto que fue justo ahí cuando se desencadenó la tormenta y transformó la bajada en una pesadilla. De hecho, los rapeles se llegaron a complicar tanto que Mora prefirió desescalar donde le fuera posible. En su carpa estaría de regreso a las 2 de la mañana.
Lo Lindo II
A principios de febrero la temporada estaba ya cerca de su punto álgido, días en que precisamente llegaron Sebastián Rosende y María Ibarra para sumarse a la fiesta. ¿El siguiente objetivo para tal ambicioso grupo de jóvenes escaladores? Obvio. Doblegar la ruta Franco-Argentina (650 m, 6a/A1+) al Fitz Roy (3.406 m).
Se organizaron en dos cordadas: Ibarra con Mora, Rosende con Gutiérrez. Partieron de Madsen el 7 de febrero y acamparon en la Laguna de los 3; el 8 alcanzaron a subir hasta la Brecha de los Italianos, la cual estaba en tan malas condiciones (por la cantidad de nieve y el calor) que optaron por retirarse. Vuelta a bajar hasta Madsen. Chalten 1, Chile 0.
Al día siguiente hicieron otro esfuerzo, pero sin Rosende (que experimentaba dolor en una rodilla). Volvieron a pasar por la Brecha, remontaron La Silla y comenzaron, pero Ibarra prefirió marginarse del intento para darle más chance a sus compañeros. Mora y Gutiérrez siguieron e incluso llegaron bastante arriba, faltándoles sólo un largo de roca y la subida de la cúpula somital. Bajaron de noche con buen tiempo. Chalten 2, Chile 0.
Pero la cumbre importa parece decir la canción, porque estos testarudos insistieron el 17 de febrero. Ahora el equipo estaba constituido por Gutiérrez, Mora y Rosende (éste obligado a recuperarse de su dolencia). Salieron de Chaltén y nuevamente llegaron hasta la Brecha de lo Italianos, pero como había tanto viento prefirieron bajar hasta Paso Superior y pasar ahí la noche esperando por una mejoría.
Sabia decisión. Porque a las 4 de la mañana del día siguiente hubo buen tiempo, y ahora sí que sí nada los detendría. A las 9 ya estaban escalando. Pese a lo que podría pensarse, en la ruta sólo se toparon con una cordada (que además dejaron atrás, así es que en la vía estuvieron esencialmente solos). Los primeros cinco largos fueron de Mora, después cinco más a cargo de Rosende y los últimos cuatro de Gutiérrez. A la cumbre llegaron a las 8 de la noche, tiempo suficiente sólo para sacarse un par de fotos y, chau, para abajo. Sin incidentes estuvieron de amanecida en Paso Superior, donde llegaron a la hora 25 de su actividad.
Chalten 2, Chile 3.
Este sería el segundo ascenso realizado por una cordada completamente chilena (tras Fuentes-Barcena) y los compatriotas números 5, 6 y 7 en pisar su cima (los otros nacionales fueron Cassasa y Edwards).
Y qué jué, los pendejos la hicieron otra vez.
Lo Lindo III
Finalmente, como desquite por la insolencia femenina de venir a meterse a tierra de hombres, dejé para el final la participación de la cordada constituida por Andrea Garrido y Manuela Méndez, quienes poco a poco han ido estableciendo hito tras hito en el montañismo femenino chileno (entre otras cosas, fueron las responsables del primer ascenso de una cordada femenina a la Pared Sur del Arenas).
De entrada, durante los primeros días de febrero ellas realizaron el primer ascenso nacional femenino de la aguja Guilloumet, por la ruta Fonrouge (TD, 6b/A1, 600 m), una escalada que iniciaron a las 8 de la mañana y que las dejó en la cumbre a las 15:30 hrs. Estuvieron una hora allí, disfrutando la vista y el increíble día (nublado, pero con calor y sin viento). En el descenso todo iba bien hasta que a unos pocos metros de salir de la ruta, Garrido se cayó; no mucho, pero sí lo suficiente como para que lesionarse el hombro y obligarlas a rapelear un buen resto más. En todo caso, estuvieron en su carpa a las 12 de la noche de ese mismo día.
Lo mejor aún estaba por venir. Pocos días después se les uniría Ibarra (tras su participación en el intento al Fitz Roy) y, todas juntas, llevarían a cabo la más importante actividad jamás realizada por una cordada chilena femenina en Patagonia: la escalada a la aguja Poincenot (3.005 m) por la rampa Whillans (550 m, 5+, 60°).
Estas osadas féminas partieron en la tarde del 16 de febrero del campamento Madsen en Chaltén. Cuatro horas les tomó llegar a la Laguna de los 3, donde armaron carpa y descansaron. Pasada la medianoche subieron a Paso Superior, pero cometieron el error de irse en dirección a Royal Flush. Mas no importa, Control-Z, y giro en 180°.
A las 9 de la mañana ya estaban al inicio de la rampa. Los primeros 3 largos se aseguraron normalmente, el resto a capela, hasta llegar a los largos de mixto, a la 1 de la tarde. Éstos no fueron fáciles, porque había hielo en las fisuras, pero, de una manera u otra, los fueron resolviendo, siempre con zapatos plásticos, siempre con viento. La noche se vino encima cuando todavía estaban escalando; dieron con una pequeña terraza y trataron de hacer un vívac, pero el frío era demasiado. Prefirieron seguir moviéndose para mantener el calor. Continuaron toda la noche y en algún momento terminó por amanecer. Finalmente, a las 10 de la mañana del 10 de febrero, estuvieron en el torreón somital, donde se acostumbra parar, 5 metros debajo de la cumbre misma.
De bajada, se cruzaron con otras cordadas que subían. Una de ellas, unos belgas, al rapelear arrojaron varias piedras, golpeando el brazo izquierdo de, adivinen quien, exacto, Andrea. El impacto dolió bastante y le provocó una hinchazón terrible (posteriormente descubrirían que tenía un tremendo tajo... 5 puntos buenos).
Ya terminado los avatares anteriores, y una vez que el brazo de Garrido se recuperara un tanto, Ibarra y Garrido intentarían la ruta austriaca a la Aguja de la S, pero sólo llegarían hasta el collado (mucho viento).
Molido
Hubo más y más cosas, pero, tengan piedad, debo ir terminando. Sólo queda energía para colocar aquí, en un proto-orden cronológico, el resto de las otras actividades que merecían ser nombradas.
Ignacio Morales y Mikel Martiarena (España) hicieron un intento para ser los primeros en escalar en el día el mirador del Morado y la Pared Sur del Morado (a mediados de octubre). Partieron a las 10:15 PM acompañados de Carlos Bascou (quien iba hasta el Mirador, pero se devolvió antes). Los boys subieron por nieve profunda y, tras llegar a las 7:15 a la cumbre del Mirador, Martiarena no se sintió lo suficientemente fuerte como para proseguir y se regresaron (el vasco ya había subido la sur del Morado en enero del 2004).
El 22 de ese mismo mes, Juan Carlos Caro y Elvis Acevedo hicieron, al parecer, una nueva variante a la Punta Rodríguez (3.458 m) desde el cajón de Morales. Ellos subieron por la vertiente sur y salieron hacia oeste tras hacer una travesía. Todo en 8 horas y medias, de la carpa a la cumbre (más 2 horas para bajar).
A mediados de noviembre, y previo a su viaje al Fitz Roy, Sebastián Rosende y Nicolás Gutiérrez intentaron la Pared Sur del Morado en el día. Salieron desde Baños Morales a las 00:30 hrs., con una cuerda de 70 metros. Avanzando bastante en simultáneo, en apenas 5 largos llegaron súper arriba, pero se tuvieron que devolver porque las condiciones climáticas no eran buenas (y además reportaron continuas caídas de piedra).
El 12 de diciembre Franco Rodríguez y David Miranda realizaron el segundo ascenso al cerro Serrucho (4.765 m), 55 años después de la primera realizada por Walter Bachmann, Enrique Vidaurrázaga y Evelio Echevarría (19 de diciembre de 1951). Nuestros amigos usaron la misma ruta de aproximación de los aperturistas (vertiente sur), partiendo en el día de cumbre desde un campo alto ubicado a 3.150 m.
Ese mismo mes, Juan Henríquez hizo en dos horas la travesía Rincón– Vallecitos en el Cordón del Plata, en Argentina, un recorrido que presenta dificultades de hasta 5.8 en roca de mala calidad y que, al parecer, nunca antes había sido realizado por un chileno. Luego de eso, Henríquez escaló en solo la cara sur del Tolosa (5.300 m), venciendo dificultades de hasta 50 grados en hielo y 5.9 en roca.
En Antártica, Patricia Soto siguió con su Seven Summits modalidad pulso y subió el Vinson el 25 de diciembre (tres semanas después repitiría el hecho, en ambas ocasiones trabajando como Guía de montaña para la ALE). A Soto sólo le va quedando el Puncak Jaya, en Indonesia. De conseguirlo, y siempre y cuando no surja una rival, se convertiría en la primera sudamericana en lograrlo.
El 5 de enero Claudio Aguilar y Fernando Fainberg escalaron el cerro Pantojo, una pequeña aunque espectacular aguja que se ve desde el camino que une Osorno con Bariloche. Fueron 200 metros de escalada por buena y sellada roca, de dificultad máxima 5.7. Este sería probablemente el primer ascenso nacional (ya contaba con ascensos argentinos).
Dos días después, los chilenos Luis Concha y William Saintard, abrirían una ruta nueva a la cumbre norte de la Torre de Flores, una montaña localizada en el cajón del mismo nombre, al interior de Rancagua. El ascenso les supuso resolver dificultades de hasta 5.7 y 85° en hielo glaciar.
Suma y sigue. Un intento al Tronador desde Chile por los hermanos José y Matías Potthoff entre el 19 y 24 de febrero (el mal tiempo los tiró para abajo); un ascenso al cerro Solo por Valentino Rota y José Correa (a principios de febrero); una repetición de Aitona, por Eduardo Mondragón y Francisco Morales (10/11/2006); aperturas de varias rutas en Cochamó, entre ellas “Pulso” (Michael Sánchez y Luis Pavez; 5.10c, 9 largos, la primera vía de pared abierta por chilenos) e “Ícaro y la Luna” (el mismo Sánchez más el alemán Martin Waldhoer; 5.10c, 11 largos, 900 m); el primer ascenso en el día de la cara sur del Mesón Alto, por Andrés Zégers y Ralf Jaiser (en 10-11 hrs., en la primera semana de noviembre); una nueva ruta al cerro Alto (6.165 m), por Patricio Gana, Ernesto Olivares y Cristián García Huidobro; el primer ascenso de Walicho (IV 5.10c A1 300 m 7 largos) en Torres del Paine, por André Labarca, Tomás Márusic y Jaime Sapunar, etc., etc., etc.
Los Premios de la Antiacademia
Vamos a lo que distingue.
La Brújula de Uranio por Mejor Expedición para... nadie ¡Desierto! De hecho sólo hubo una, “Unclimbed Antarctica”, pero esta no era una expedición deportiva propiamente tal (sino que semi-científica) y, como tal, como ustedes ya bien saben, aquí lo que se premia es aquellos que llevan el deporte como rúbrica fundamental.
El Ajo de Molibdeno por Mejor Deportista para... Alejandro Mora. Felicitaciones. Sus 3 escaladas, una de ellas una variante, otra en solitaria, la tercera al Fitz Roy, destacan y le dan el rotulo de Príncipe para este período de 6 meses.
La Jeringa de Plutonio por Mejor Ascenso Técnico para, uf, nadie. En realidad, creo que llegó la hora de explicar bien exactamente en qué consiste este galardón. Pero por mientras comento que, si revisan todo lo hecho esta temporada, por muy buenas que los ascensos hayan sido, no hubo ninguna escalada que nos hubiera dejado con la boca re-abierta debido a las dificultades técnicas que sus protagonistas hubieron de sobrellevar.
Por último, La Colchoneta de Tungsteno por Mejor Iniciativa para... nadie. ¡Desierto! Brother. Sigue mal la cosa.
Y el sol no da de beber...