Anticristo: Aseo y Ornato
La Columna del Anticristo
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Aseo y Ornato
Por el Anticristo (agosto 2008)
Hace algún tiempo atrás analicé el perfil del montañista chileno con respecto a la forma cómo manejaba la basura en ambientes silvestres. Ahí vimos que, si bien en líneas generales es un tipo que se preocupa y tiene gran conciencia, todavía adolece de 3 defectos que nos dejan a cierta distancia de las comunidades líderes en el tema: primero, que le cuesta cambiar sus hábitos (un problema de adaptabilidad); segundo, que no sabe discutir del tema (un problema de educación) y, tercero, que no es de armas tomar (un problema de pasividad).
A no enojarse ahora; esto fue discutido hace 8 meses (en el artículo "Vasos Sucios").
Hijos de Chile
Sin embargo también hay que admitir que nuestro comportamiento es el resultado del escenario en el cual nos movemos. Y, no hay misterio aquí, los ambientes de montaña en Chile, desde el punto de vista del manejo de la basura, son bien "fáciles". Es decir, EN GENERAL, no tenemos multitudes en los valles, no existen cerros populares que requieran semanas de trabajo en ella, no hay problemas con los basurales que podrían formarse y, llegada la hora de querer ir al baño, pf, caminamos 15 metros y listo.
Como el medio no plantea grandes exigencias, si realmente queremos ver cuánto calzamos, es decir qué tan educados, activos y adaptables somos, no nos queda otra que ir afuera, a lugares donde las cosas no son tan fáciles y se plantean desafíos que a la mayoría de los montañistas y excursionistas chilenos les serán extraños. Sitios donde la aglomeración de gente, el tráfico en los senderos y el impacto en el medio ambiente ha llevado a tomar medidas que pueden parecer exageraciones y que, por lo tanto, exigen una cuota no menor de esfuerzo.
Ante tal situación, ¿estaríamos a la altura de las circunstancias?, ¿cumpliríamos las normas que existen?, ¿seríamos capaces de sufrir más sólo por un ideal que a veces puede parecer pírrico? ¿O trataríamos de hacer trampa a la primera, apenas alguien dejara de vigilarnos?
Hagamos una prueba. Aquí les presento 3 ejemplos de montañas donde se hace un manejo de la basura que puede ser visto como radical. Aunque cueste, hagan el ejercicio de imaginarse que están allí subiendo dichos cerros y si podrían, o no, respetar y cumplir lo que se les exige a ustedes, hombres que desean considerarse dignos deportistas del siglo XXI.
O, dicho de otra manera, si son tan choritos como les gusta ser cuando alguien osa botar una colilla de cigarro en un sendero.
El Centinela de Piedra
El primero ejemplo es uno que conocemos bastante bien debido a su cercanía: el Aconcagua.
Como bien sabemos, es la cumbre mas alta de América (6.959 m), se localiza completamente en Argentina, tiene 3 rutas emblemáticas (Normal, Polacos y Pared Sur), la temporada alta corresponde al verano austral (diciembre a febrero) y, entre montañistas, excursionistas, guardarparques y quienes brindan los servicios, recibe un poco menos de 10.000 visitantes por año (en la temporada 2004-2005 fue de casi 6.500). Para entrar en ella se ha de pagar (y harto) y los problemas para manejar la basura se dan especialmente en su ruta normal, una que concentra la mayor parte del trafico en un período muy breve de tiempo (90 días).
Poniéndolo en perspectiva histórica, y esto es algo que probablemente los jóvenes desconocen, el Aconcagua tenía la fama de ser un cerro sucio y hediondo, por la gran cantidad de fecas que se encontraban por doquier, especialmente en los campamentos superiores de la ruta normal. Incluso se decía que el cerro olía a caca hasta San Felipe.
Pero hoy eso no es verdad. Es más; desde hace ya varios años quien lo visita encuentra una montaña limpia, casi impecable y sin malos hedores. Es verdad que todavía hay bastante por hacer, pero es evidente que la tendencia se ha revertido y ha transformado esta montaña en una demostración palpable que la recuperación de los ambientes naturales es posible.
¿Cómo se hizo? Pues no por arte de magia, sino que como consecuencia de una continua serie de exigencias y regulaciones que la organización a cargo (el Parque Provincial Aconcagua) ha instaurado a través de los años a punta de argumentos y leyes, las cuales han sido convenientemente complementadas con iniciativas no gubernamentales (por ejemplo, ascensos masivos organizados con el objetivo de limpiar el cerro).
Como hay cambios cada temporada, admito que me cuesta estar al tanto de la situación presente del reglamento de uso, pero, más o menos, hoy en día está prohibido ir al baño al descampado en los campamentos de Confluencia (3.100 m) y Plaza de Mulas (4.200) y deben usarse los baños allí instalados (algunos son gratis, otros no; algunos son limpios, otros no). Más arriba, en Cambio de Pendientes, Nido de Cóndores, Berlín o Canadá, los grupos han de organizarse para hacer caca en bolsas (que deben bajarse hasta Plaza de Mulas), tarea no muy atractiva porque el cerro es helado, pero no lo suficiente como para mantener a raya el aroma bacterial.
Para incentivar el correcto cumplimiento de estas obligaciones, hay severas penalidades para quienes no lo hacen o son sorprendidos en el acto (con multas que se miden en centenares de dólares). De hecho, he visto con mis cuatro ojos color almendras pasadas cómo los guardaparques han castigado sin asco a los culpables.
¿El resultado? Mucha gente, mucha actividad, cerro limpio. Viva Argentina.
El Centinela de Hielo
Veamos el segundo ejemplo, esta vez la montaña considerada el Aconcagua norteamericano: el Denali.
Se ubica en Alaska. Un cerro objetivamente alto (6.196 m), inserto dentro de una cordillera en regla que casi toca el círculo polar ártico. Completamente rodeada de glaciares y con temperaturas sub-cero, su temporada se desarrolla entre mayo y junio (es decir, la primavera boreal). Administrada por el sistema nacional de parques nacionales de EE.UU., recibe mas de mil visitantes por año (el 2006 fueron 1.182), 90% de los cuales se concentran en la ruta Washburn, la normal. Acceder a ella también involucra pagar (y también es harto) y requiere el cumplimiento de varias exigencias, entre ellas, inscribirse 3 meses antes de la fecha de llegada.
A pesar de ello, el flujo de visitantes, lejos de disminuir, se ha disparado tanto en las últimas décadas que las autoridades están pensando seriamente limitar el número de montañistas por temporada a una cantidad fija, a la cual se optaría por una modalidad "first come, first service". Nadie sabe qué tanto resultará esta idea, pero, a circunstancias extraordinarias, medidas idem...
Con respecto al ascenso mismo, en la ruta normal, dado que se desarrolla íntegramente en glaciares, la basura ha de ser tratada de manera bastante más estricta que en el Aconcagua (donde ayuda tener tierra y rocas). Evidentemente aquí también se ha de bajar en la mochila las 3 semanas de basura que se genera (tiempo promedio en subirlo). Pero, además, los deshechos orgánicos han de ser procesados con cuidado, porque, más allá de la agresión visual y sensorial que representan, contaminan la misma nieve que después se utiliza para fundir agua.
Para resolver el lío, existen 3 procedimientos. En los campamentos más poblados, que son el Base (2.200 m) y el III (4.300 m), es obligación usar los baños que están especialmente dispuestos para ello, los cuales, nada muy especial, son tan sólo letrinas abiertas donde llega a ser una pena ver minas bonitas sentadas así (las feas no importan). Para los campamentos de paso, el I (2.400 m) y el II (2.900 m), se exige que los expedicionarios hagan sus necesidades sólidas en bolsas biodegradables (especialmente proporcionadas por el Parque Nacional antes de entrar) y que luego sean arrojadas en grietas especialmente seleccionadas y marcadas a principios de temporada con ese propósito. Para el campamento a mayor altitud, el IV (5.200 m), cada grupo ha de hacer sus necesidades dentro de un cilindro denominado CMC (Clean Mountain Can, o, si gustan, Comiste Mucho Carlos). Debo agregar que es bien interesante ver actuar este aparato. Achuntarle, por un lado, pero también a la forma cómo el pistón comprime el material dúctil que va llegando.
EL CMC es entregado a cada expedición cuando ingresan al Parque, momento a partir del cual deben hacerse responsable de subirlo, usarlo, bajarlo y devolverlo. Afortunadamente, limpiarlo no forma parte de las exigencias.
Esta medida, si bien puede parecer incómoda, créanme, funciona bastante bien. Aunque no falta el atado de negligentes que cierra mal el cilindro y baja en esquís echo una corneta, para darse cuenta, al llegar al base, que dejaron un reguero café de 21 kilómetros de largo.
El Centinela Solitario
Cambiémonos de hemisferio otra vez y veamos ahora la Antártica, donde se encuentra el monte Vinson.
Se ubica a unos mil kilómetros del Polo Sur y es, con sus 4.892 metros, la montaña más alta de dicho continente. Su acceso es aún más complicado que los ejemplos anteriores, porque, si bien en rigor no se debe pagar permiso para ir, en los hechos acceder a él sale tan enormemente caro que el dinero se transforma en una barrera de entrada. Su temporada es corta y estricta (noviembre a enero), marcada por los vuelos de entrada y salida del único operador logístico que funciona hoy (Adventure Logistics & Expeditions). Su ruta normal concentra el 90% de los ascensos y, a pesar de ser un cerro completamente de hielo y nieve, hay una diferencia fundamental con los otras montañas glaciadas que conocemos: es tan helado que no se produce fusión de la nieve o precipitación sólida. Dicho en castellano, no nieva. Y la que ya existe, no se derrite.
Esto hace que prácticamente sea la única gran montaña del mundo donde las marcas de los orines en la nieve permanecen de una temporada a la otra. De hecho, hoy la ruta normal casi se puede seguir tan sólo siguiendo estos particulares jalones amarillos. Incluso podríamos ponerles nombres: aquí meo Conrad; acá Luksic.
Toda Antártica tiene estrictas normas ambientales y aquí no hay excepciones. La basura y las fecas en el Vinson son regresadas en la espalda con bolsas que van a dar al campamento de Adventure Logistics & Expeditions en Patriot Hills y, de ahí, a Punta Arenas (donde probablemente se tiran al mar, bien).
El proceso para nosotros es cómodo porque no hay olores, pero se vienen cambios debido a la tozudez de la orina por desaparecer. Se estudia prohibir hacerlo, excepto en los lugares especialmente marcados para ello. Situación especialmente incómoda para las damas puesto que los hombres pueden usar un pee-bottle a modo de buffer y luego vaciarlo donde corresponda.
Al menos aquí, dada la continua baja temperatura, las fecas se convierten en rocas sin olor nada mas salir de nuestro organismo e incluso las pueden usar como almohadas.
Entonces
Sentados ahora frente al computador, probablemente muchos de ustedes pensarían que no tendrían grandes problemas en cumplir las exigencias descritas. Es decir, podrían considerarse personas adaptables, educadas y activas.
Pero, ¿y si mañana mismo se exigiera que para ir al Plomo se debe regresar con las fecas en una bolsa dentro de la mochila? ¿O al Provincia? ¿Lo harían?
El verdadero desafío está en cumplir aquello que nos incomoda...