Anticristo: Cortar O No Cortar
La Columna del Anticristo
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Cortar O No Cortar
Por el Anticristo (julio 2007)
Al terminar de ingerir las 3.300 calorías de la opípara cena, todos se distribuyeron uniformemente por la habitación para disfrutar mejor el bajativo, formándose así distendidos grupos de conversación.
Yo no. Opté por quedarme sentado en la mesa porque estaba más cerca del calefactor. No era invierno todavía, pero ese otoño había sido particularmente frío. Además, de esa forma podía rumiar solo las culpas por haber comido tanto. Pensando cuántos kilómetros tendría que correr en las próximas dos semanas para poder rebajar el kilo de papas fritas que me había comido.
Estaba en eso cuando sin mediar aviso se sentó a mi lado Pedro Gerardo Gorgojo, el marido de una amiga de mi mamá. Un médico agradable y educado, pero, al igual que la mayor parte de los galenos que conozco, soberbio si se osa apenas rozar algo del conocimiento humano que entra en su área de confort.
Me bastó un segundo para saber exactamente a lo que venía. Veinte minutos atrás, en medio de una ardua operación para destripar una chillaneja longaniza, había cometido el error de dejar deslizar un comentario del cual ahora me arrepentía completamente de haber hecho.
Tras mover la silla, dejar su vaso de vino a un lado y esparcir un tenue aunque inconfundible vaho etílico, Pedro Gerardo me espetó directamente:
Conversación de Curados
El Dr. Gorgojo quizás era más joven que yo, pero los 10 kilos estándar de sobrepeso que tenía (oh, Ghordi Castells, estándar nacional) hacían difícil determinar su edad precisa. Por eso mismo no sabía si debía tutearlo o no. Estos pensamientos, y la relajación post-bacanal, hicieron que yo contestara titubeante.
En esos momentos lo único que yo realmente quería era tirarme un residuo gaseoso, pero Pedro Gerardo me bloqueaba la posible trayectoria de salida (además que mi hijo venía húmedo, mala señal).
No había caso. No se iba a ir. Quizás si lo agarraba por la buena...
Épale. Finalmente, la muletilla estándar.
Iba a proponerle que también se hiciera obligatorio estar inscrito en los registros electorales, pero no pude. Porque justo en eso se acercó su señora y se puso a hablar que no podía encontrar en los supermercados del barrio alto el clásico yogurt Chup-chup. Sabor mora.
Ante tal urgencia, no nos quedó otra que interrumpir nuestra conversación y concordar con ella cuánto atentaba tal falencia a la estabilidad sicológica de los hogares nacionales.
Buscando Mi Destino
Al día siguiente llovió así es que tuve que quedarme en cama, sintiéndome más culpable aún por no poder quemar las calorías de la crema y las papas. En tal estado obligado de inmovilidad, sintiéndome cinco kilos más pesado, no me dejó de dar vueltas la conversación con el Dr. Gorgojo.
Como siempre, sentía algo de rabia conmigo mismo porque, no me voy a engañar, haber usado la ironía para responderle fue una manera tonta de disfrazar el hecho que no tenía mejores argumentos. Si hubiera estado más brillante, quizás podría haberle comentado que existían situaciones parecidas en la que los involucrados no estaban obligados a sacarse el apéndice. Como por ejemplo, quienes patrullan fronteras, o los marinos. Si aplicáramos la ley Gorgojo... ellos también tendrían que someterse a la susodicha operación.
Un momento. En realidad yo tampoco estaba seguro si estos individuos de oficios remotos tenían o no el apéndice...
Así fue que me di cuenta que en realidad no sabía nada de nada. Todo mi ser y todo lo que conozco me lleva a decir que para un montañista sacarse el apéndice es una soberana estupidez. Pero esta intuición no estaba avalada con hechos o datos; ergo, cada vez que debatiera, no tendría como defender mi punto de vista.
Me levanté con un nuevo significado para mi vida. Había de determinar qué tan de cierto era este cuento.
Un Olvidado Relicto
Lo primero es lo primero. Documentarse acerca de la vida y milagros del apéndice. Atención burros, a ver si aprenden algo hoy día.
Según lo que encontré, el apéndice es nada más que una especie de bolsa larga y angosta que se encuentra como adherido debajo de la primera parte del intestino grueso. Por razones varias (obstrucción del apéndice por heces, un cuerpo extraño o, en raras ocasiones, un tumor) se produce una infección en ella, lo que provoca que se llena de pus y se inflame. Esto es lo que denominamos comúnmente como “apendicitis”.
Quienes lo desarrollan clásicamente presentan dolor alrededor del ombligo, el cual inicialmente puede ser vago pero que se va volviendo más agudo y severo. También es posible que se presenten pérdida del apetito, náuseas, vómitos y fiebre baja. A medida que se incrementa la inflamación, el dolor tiende a irradiarse a la parte derecha inferior del abdomen. Estos malestares pueden empeorarse al caminar o toser y es posible que la persona prefiera quedarse quieta. Para nosotros, personas a quienes este problema puede pillar en circunstancias difíciles, una manera “fácil” de detectarlo es sencillamente presionar el abdomen con suavidad en el área adolorida y luego soltarlo súbitamente. Si lele, amigo mío, estás en problemas.
La solución en los casos no complicados consiste en extirpar el apéndice, un procedimiento quirúrgico al cual se le denominado “apendicectomía”. Esta cirugía se puede realizar como un procedimiento "abierto", con incisiones quirúrgicas grandes en el abdomen, o también se puede llevar a cabo laparoscópicamente (¡chanfle!), en el que se utiliza una cámara y pequeñas incisiones que dejan una cicatriz pequeña y dan la posibilidad de recuperarse rápidamente (dos días en el hospital). Sin embargo, atención, atención, si la operación revela que el apéndice está normal... ¡igual te lo extirparán! Para luego seguir explorando el resto del abdomen en busca de otras causas del dolor.
Hay más que decir. Si una Tomografía Computada (¡chanfle!) revela un absceso a partir de la ruptura del apéndice, el paciente puede ser tratado con antibióticos y el órgano puede ser extirpado posteriormente después de que la infección y la inflamación hayan desaparecido. Es decir, no necesariamente la extirpación es LA solución inmediata.
Llegado a este punto, y dada la aparente molestia que puede llegar a causar, no es raro preguntarse para qué sirve el apéndice. Y, tal como la sabiduría popular repite, en realidad... nadie sabe. Las hipótesis hablan de funciones linfáticas, neuromusculares, exocrinas o endocrinas, pero la mayoría de los médicos y científicos sostienen que carece de una función significativa y que existe fundamentalmente como un órgano vestigial remanente de un ciego mayor que digería celulosa.
¡Rechanfle!
Lo Formal
Teniendo más o menos claro qué era lo que estábamos hablando, el siguiente paso fue decidir exactamente qué era lo que yo quería saber. Aka, ¿cuál era la pregunta cuya respuesta buscaba?
Porque decir ¿vale la pena sacarse el apéndice? es algo muy vago. Depende qué es lo que uno entiende por “valer la pena”. Tampoco ayudaba mucho decir ¿es riesgosa la apendicectomía? o ¿en qué escenarios conviene sacarse el apéndice?
En mi ayuda aquí vino el médico Gabriel Rada, miembro de la Unidad de Medicina Basada en Evidencia de la Universidad Católica (UMBE UC), un grupo encargado de separar hechos de realidades, dedicándose entre otras cosas, a responder preguntas acerca de la efectividad de las distintas intervenciones que se realizan en medicina. Con su ayuda, establecimos la siguiente pregunta:
¿Se justifica la apendicectomía profiláctica en personas que no tienen acceso a establecimientos médicos por períodos prolongados (expediciones antárticas, tripulación de submarinos, etc)?
Su respuesta fue:
“En personas geográficamente aisladas por períodos prolongados de tiempo podría plantearse el beneficio de realizar una apendicectomía profiláctica. Algunos grupos que pudieran encontrarse en esta condición son los residentes en territorio antártico, tripulación de submarinos, astronautas, etc, en quienes el desarrollo de una apendicitis aguda, sin tratamiento quirúrgico, podría condicionar un riesgo elevado de morbimortalidad.
No existen buenos estudios clínicos (experimentales ni observacionales) que evalúen este particular subgrupo de pacientes, sin embargo se pueden utilizar algunos datos para acercarse a una respuesta.
En ausencia de los estudios descritos, debemos ponderar los potenciales beneficios y riesgos derivados de la intervención. El beneficio esperado en este caso es la disminución de la morbimortalidad asociada al desarrollo de apendicitis aguda, considerando la demora en el acceso a un centro en el cual pueda resolverse quirúrgicamente esta patología.
El riesgo de desarrollar apendicitis se estima aproximadamente en 1 de cada 1000 personas por año (Addiss et al. Am J Epidem 1990;132:910). Consideraremos esta incidencia para contrastarla con los potenciales riesgos de la apendicectomía profiláctica, aunque podría hipotetizarse que las condiciones alimentarias y ambientales en estas circunstancias particulares podría modificar importantemente la incidencia de apendicitis. No existen datos actuales de mortalidad de la apendicitis aguda en ausencia de tratamiento. En la era preantibiótica se estimaba en un 20%, sin embargo existen reportes en que pacientes geográficamente aislados (tripulantes de submarinos) tratados con antibióticos endovenosos tuvieron resolución de sus síntomas en el 95% de los casos, con alta tasa de recaída en los siguientes meses pero que permitía contar con el tiempo necesario para acceder a un recinto médico con capacidad de resolver la patología (Adams M. Mil Med 1990 Aug;155(8):345-7). Considerando estos datos, sólo 1 de cada 20.000 personas que permanecen aislados por un año completo podría fallecer producto de las complicaciones de la apendicitis si se procura el tratamiento antibiótico adecuado (esta estimación es bastante conservadora, ya que un año es un periodo superior a la duración habitual de las expediciones a lugares apartados).
Este pequeño beneficio debemos contrastarlo con los potenciales riesgos de una apendicectomía profiláctica. Existen datos que muestran una tasa de mortalidad en apendicitis de 0.2-0.8%, aunque si tomamos la mortalidad de pacientes con apendicitis no perforada, que podrían parecerse más a la situación que nos interesa, la mortalidad es sólo de 0,08%, es decir, 1 en 1250 (Blomqvist et al. Ann Surg. 2001 Apr;233(4):455-60).
En resumen, la posibilidad de presentar una apendicitis aguda en una situación de aislamiento geográfico es baja pero existente, sin embargo con el tratamiento antibiótico adecuado, se puede controlar la patología por un tiempo suficiente como para permitir el acceso a un centro capaz de resolverla quirúrgicamente. La mortalidad derivada de la apendicectomía también es baja (1 en 1250 en condiciones aproximadas a la de interés), sin embargo supera a la posibilidad de morir producto de apendicitis aguda en las condiciones descritas (1 en 20.000).
Basándose en la evidencia existente, que si bien es de baja calidad metodológica e indirecta, no habría razones para recomendar la apendicectomía profiláctica en personas que vayan a encontrarse aisladas geográficamente y sin acceso inmediato a centros médicos capaces de resolver esta patología quirúrgicamente.”
Siempre se ha de tener cuidado con llegar y sacar conclusiones apresuradas sin considerar los supuestos involucrados. Pero, llegada la hora de reducir esta información a una decisión tajante, la respuesta aquí sería “no”. No cortar.
Lo Oficial
Lo siguiente que hice fue contactar a la Fuerza Aérea de Chile, institución que en los hechos se ha transformado en la más importante organización antártica nacional. Aquella que llega con más gente, más lejos.
Tras contactar al Teniente (SG) Juan Urzúa, un pequeño cuestionario que había preparado fue re-dirigido al Comandante de Escuadrilla (S) Xabier De Aretxabala, Jefe de la Unidad de Medicina Preventiva del Hospital de la Fuerza Aérea. Debo agregar que además el Dr. De Aretxabala es médico y profesor de cirugía en la Universidad de Chile.
Debido al pasado desastre de Antares, perdí el correo original con las preguntas originales (mis disculpas). Sin embargo, como Uds. verán a continuación, aquellas eran tan simples que re-crearlas no me costó nada. Usando un poco de imaginación, podría decirse que éstas fueron:
1. ¿Es verdad que hoy en día es obligatorio la apendicectomía para el personal que participa en las campañas antárticas?
2. ¿Qué antecedentes maneja de lo que hacen otros países?
3. ¿Cómo se realiza hoy en día el procedimiento?
4. ¿Es la apendicitis la patología más común?
5. En su opinión, ¿hay diferencias esenciales entre actividades militares (como los de la Fuerza Aérea) y otras más bien circunscritas al mundo civil (tales como expediciones científicas o deportivas)?
A continuación, las respuestas del Dr. De Aretxabala:

1. Efectivamente, la totalidad del personal destinado a la Antártica es sometido a un riguroso examen preventivo, a lo que se agrega la realización de una apendicectomía.
2. En relación a si otros países también someten a dicho procedimiento a su población destinada, esa es materia reservada de los respectivos países. Por otra parte, esto dependerá de las facilidades y recursos médicos disponibles.
3. El procedimiento en la actualidad es practicado vía laparoscópica, significando 24 horas de hospitalización. La mortalidad debe ser 0% y la morbilidad (complicaciones) menor al 5%.
4. Si bien apendicitis no es la patología más común que ocurre, la gravedad que puede determinar la ocurrencia de un cuadro de apendicitis sin tratamiento, determina la política preventiva de extirpar el apéndice de manera profiláctica. A diferencia de otras patologías de alta prevalencia, como lo es por ejemplo la colecistitis aguda (inflamación de la vesícula), la apendicitis no puede ser tratada mediante antibióticos, ya que el cuadro progresa rápidamente de una simple inflamación a la gangrena del órgano y la perforación. A manera de anécdota, le comento que existe un viejo refrán quirúrgico que dice que todo cuadro de apendicitis debe ser operado antes de que anochezca o que amanezca.
5. En relación a las diferencias entre el mundo académico y militar, debo manifestarle que las decisiones son tomadas en base a principios de costo/efectividad. De hecho, quien responde esta nota, además de ser Oficial es profesor de Cirugía de la Universidad de Chile. También, debemos tomar en cuenta la situación no sólo geográfica, sino también meteorológica para darse cuenta lo difícil que resultaría el traslado de un paciente desde la Antártica. Por otra parte, existen además otros dos factores a considerar, el primero se refiere a la preparación de los médicos destinados. Generalmente el médico es un Médico General sin conocimientos ni práctica quirúrgica. Por este motivo, sería irresponsable pretender que dicho médico debiese resolver problemas quirúrgicos. Aún cuando la población general tiene la falsa idea de que la apendicectomía es un procedimiento menor, en ocasiones constituye un difícil problema, incluso para los más avezados. Junto con lo anterior, el que un paciente haya sido sometido a una apendicectomía, permite una mejor evaluación al descartarse dicho diagnóstico al momento de evaluar un cuadro doloroso abdominal.
De la misma manera como lo hice con el Dr. Rada, aquí, si se ha de simplificar, entonces la respuesta sería “sí”. Cortar.
Lo Comercial
Tiempo después entrevisté al británico John Apps, oficial medico de Adventure Logistics & Expeditions (ALE), la empresa que se derivó de Adventure Network International y que hoy en día es el más importante operador logístico antártico privado que existe. Una organización relativamente bien conocida por los chilenos dado que es la que actualmente realiza los vuelos entre Punta Arenas y Patriot Hills (y, desde allí, al macizo del Vinson y otros lugares).
El Dr. Apps es Médico General, condición que le ha permitido desempeñar su profesión en lugares de condiciones extremas. Comenzó su carrera en 1992 en el archipiélago de Spitzbergen, ya acumula cuatro temporadas radicado en Patriot Hills (que fue justamente donde le pregunté acerca de este tema) y ahora se fue para Afganistán.
Hablamos de todo. Según él, el BAS (British Antarctic Survey, una de las más importantes instituciones polares del mundo), ya no utiliza la apendicectomía obligatoria como una herramienta preventiva. Que establecer una regla así no tendría mucho sentido porque entonces también habría de ser riguroso con otras situaciones similares (como la muela del juicio). Que el tratamiento en lugares remotos es diferente al empleado en una ciudad (donde eventualmente se pueden hacer exámenes o tener al paciente en observación). Que eso lleva a que un paciente del cual se sospecha que tenga tal dolencia se le sobretrate con antibióticos. Que él personalmente no tenía antecedentes de cuánta gente había desarrollado apendicitis en lugares con grandes poblaciones antárticas, (como por ejemplo, Mc Murdo), pero que en los 21 años de operación de ANI/ALE (todos ellos sin política de apéndice-less), nunca se había producido un caso (aunque sí hubo uno con sospechas de, ante lo cual el paciente fue prontamente evacuado). Y que, finalmente, me confirmó algo que venía escuchando hacía tiempo: se tiende a sobre-exagerar el procedimiento. Es decir, son pocos los que pasan el 50% de diagnóstico correcto (dicho en castellano, la mitad de los operados de apendicitis... no tenían apendicitis).
Simplificar, simplificar, simplificar. Dr. John Apps aquí dice: “No Cortar”.
Yo Opino
Aquí termina la primera parte de este pequeño y ridículo ensayo. En la próxima columna, mi opinión y otros interesantes antecedentes.
Se despide atentamente de ustedes,
Dr. Anticristo
anticristo@aruficax.cl