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Delenda Est Conaf
Por el Anticristo (abril
2006)
Perdóname animita del Cajón, pero hoy
escupiré fuego.
Yo Sé Bien Que Estoy
Afuera..
Torres del Paine no requiere mayor presentación. Es
sencillamente el más famoso de los parques nacionales chilenos. Una postal de
la Patagonia. El lugar ideal donde hombre y naturaleza por fin conviven en paz.
Un símbolo de nuestra educación y desarrollo como sociedad.
Se localiza en la
región XII de Chile, a unos 145 kilómetros al norte de la ciudad de Puerto
Natales. En sus 242.242 hectáreas existen 123 kilómetros de senderos que
permiten apreciar su increíble belleza escénica: montañas, glaciares, lagos,
ríos, bosques y la respectiva flora y fauna.
Por razones que ahora
no vale la pena discutir (pero con las cuales concuerdo), nuestra nación
decidió que era importante proteger el área y lo declaró Parque Nacional en
1959, lo cual lo colocó bajo la administración de la Corporación Nacional
Forestal (Conaf). Posteriormente la Unesco lo declararía Reserva de la Biosfera
en 1978.
El Parque es destino
turístico obligado y ofrece un rango amplio de opciones, por lo que no
sorprende que el número de visitantes se haya disparado en los últimos años. Ya
las estadísticas oficiales hablan de más de 100.000 ingresos (107.091 la última
temporada).
Curiosamente, no parece
mucho si lo comparamos con el resto del país. Del 1.442.429 personas que
visitaron todas las unidades bajo el control de Conaf en el 2005, sólo un 7% lo
hizo a Torres del Paine. Esto lo convierte en el cuarto más visitado, detrás
del Parque Nacional Puyehue (380.054, el triple más), el Parque Nacional
Vicente Pérez Rosales (182.515) y la Reserva Nacional los Flamencos (136.009).
Tampoco es el único donde entran más extranjeros que chilenos (83.455 versus
23.636); también ocurre lo mismo en el Parque Nacional Bernardo O'Higgins
(11.520/4.174), la Reserva Nacional Los Flamencos (100.986/35.023) o el Parque
Nacional Huerquehue (9.097/8.807).
Pero a no engañarse.
Quizás estos números lo oculten un poco, pero Torres del Paine es el verdadero
líder. Por su reconocimiento internacional, por la entrada de divisas que le
significan al país y también porque es, quizás, el más bello de todos.
Torres del Paine es y
sigue siendo el Rey.
Villa Miseria
Ahora, atender a
100.000 personas en una temporada no es magia. Se requiere infraestructura, y
no poca.
Hacer un catastro preciso de lo que existe no es fácil, pero
intentémoslo. Agregando a propósito la oferta turística de lugares
que, si bien están fuera de los límites del Parque, dada su cercanía
afectan, encontraríamos: 11 camping pagados (Grey, Los Perros, Lago
Pehoé, Cuernos, Hostería Torres, Chileno, Serón, Dickson, Laguna
Azul, Pehoé Ruta Sur, Serrano), 8 "gratis" (Pingo, Zapata,
El Paso, Guardas, Italiano, Británico, Torre, Japonés), 4 hoteles
"adentro" (Grey, Explora, Pehoé, Hostería Torres), 5 "afuera",
a metros del alambre (Río Serrano, Cabañas del Paine, Tyndall, Lago
Toro, Mirador del Paine), 2 concesiones acuáticas (Catamarán Lago
Pehoé, Grey II) y... un pueblo (el Centro Administrativo), porque
este último, a pesar de lo que se diga, eso es lo que es: un villorrio
(con carabineros, posta, helipuerto, salas de eventos, comedores,
dormitorios, tiendas, almacén, oficinas, museo, etc).
Por lo tanto, dependiendo del presupuesto y el tipo
de aventura que se desee experimentar, quien lo visite hoy tendrá
a su disposición caminos, lanchas, baños, fogones, kioskos, lavaderos,
juegos infantiles, caballos, guías, porteadores, luz eléctrica,
hoteles 5 estrellas, refugios 5 pulgas, agua caliente, áreas de
merienda, señal de celular, teléfono, televisión por cable, internet,
buses, mujeres, vino y sexo.
Bien. Siendo directo, y evitando irme por las ramas
como habitualmente hago... ¿alguien me puede decir que re-#$%&@#
hace todo esto DENTRO de un hábitat natural protegido?
La Pregunta del Millón
Vamos por parte, porque mi pregunta desencadena
diarrea.
Lo primero es que cualquier análisis que se precie de justo no
puede ser hecho sólo con una fotografía del momento, sino que debe considerar
cómo las cosas han evolucionado a través del tiempo.
Lo segundo es que, haciendo las obvias diferencias del caso,
aquí están presente todas y absolutamente todas las fuerzas que terminaron por devorar al Parque Bustamante (visto
in extensis en la columna pasada). La única diferencia es que si en éste
fue el tráfico la causante, en Torres del Paine es el aumento del turismo y sus
demandas asociadas.
Se repite el patrón: multitud de cambios menores
que son vistos como inocuos (pero que con el tiempo se van sumando),
visitantes que no se dan cuenta del problema (porque no conocieron
el Parque antes y, por lo tanto, no tienen punto de comparación)
y, lo más grave de todo, quienes debieran tener la sabiduría necesaria
para tomar medidas correctivas y evitar que la tendencia continúe
(una que lleva a la destrucción misma de la atracción)
no lo están haciendo (porque no saben, no pueden o no quieren).
Esta última razón es ¡LA! clave para entender
al artículo de hoy. Conaf olvidó por qué fue creado el Parque Nacional
Torres del Paine, error que llega a ser grosero considerando que
se supone que ellos son los expertos, los responsables, los llamados
a defenderlo.
Les refresco la memoria. El Parque fue instaurado
para proteger el ecosistema involucrado. Punto. Todo lo demás, el
turismo, la investigación, el deporte, la difusión, los negocios,
la política o la soberanía, son aspectos importantes pero posteriores,
que sólo existen en la medida que se respete la causa primera: la
conservación del hábitat.
Por favor, no lo pierdan de vista también ustedes. Siempre
téngalo presente. Cuando haya dudas, cuándo no sepan que decir, cuando el
debate los confunda, recuérdenlo.
¿Para qué fue creado Torres del Paine?
Carcoma Maelstrom
Las concesiones
llegaron a Torres del Paine como una solución perfecta para la endémica falta
de dinero de Conaf, porque, por un lado, el Parque dejaba de distraerse en
tareas que no le eran naturales (limpiar baños, abastecer campamentos, arrendar
caballos) y, por el otro, recibía recursos frescos que le permitían abocarse
directamente a lo que se suponía era su labor.
Pero no. A pesar de lo
que parece, en realidad las concesiones demostraron ser una pésima solución,
porque, haciendo pleno uso de su eficiencia neoliberal, éstas tendieron a
"mejorar" los servicios de tal manera que terminaron dañando
irreversiblemente la experiencia.
Es preciso no confundir las cosas. No estoy diciendo
que las concesiones sean per se malas; sólo que en el contexto
de los hábitat naturales son cómo un cáncer. Parten pequeñas
y, en la medida que aumenta el flujo de visitantes, caen en una
espiral irreversible de mejoras: el camino, luego la señalética,
más tarde bancas, y después pasamanos, y también áreas de pic-nic,
y puentes, y caminos, y hoteles, y restaurantes, y autos, y tanques,
y aviones, y más tanques, y más aviones...
¿Y para qué? ¿Para
hacerlo más fácil? ¿Más cómodo? ¿Más... seguro? Sí. Pero también para qué más
gente llegue y haga uso de lo que se está ofreciendo, una motivación que es
económicamente válida, pero ambientalmente contraproducente.
No hay cosa más cierta en la teoría ambiental que
en la medida que se hace más fácil el acceso, más gente llega. Porque
ya no existen los filtros naturales que separan aquellos viajeros
que realmente tienen interés de aquellos que no.
Los refugios no terminan de estar pintados y ya
están repletos. Se pide autorización para ampliarlos (lo cual tarde
o temprano se acepta) y el refugio se transforma en un mini hotel.
El nuevo tamaño implica más dormitorios, baños y comedores,
además de salas de estar y piscinas... no sólo para los turistas
adicionales que llegarán, sino que también (no lo olviden) para
el personal extra que se requiere para atenderlos. Lo cual, a su
vez, significa más comida, más combustible, más
energía... Y un par de temporadas después, cuando el mini
hotel ya no de más de lo lleno que está, vuelta a
pedir autorización para ampliarlo.
Y ahora poh José Pedro, pidamos que pavimenten el
camino, mira que el polvo le hace mal a mi notbuk. Qué horror Francisco
Alejandro, pásame el vino por favor.
Ejemplo del Norte
Lo que más me enerva de
todo es que no había que ser Premio Nóbel para vislumbrar esta situación,
porque lo que le está ocurriendo hoy a Torres del Paine ha ocurrido en otros
países antes. Y no ayer, sino que hace 50 o 60 años.
Podría hacer 10 artículos completos sólo mostrando
los errores que se han cometido a lo largo y ancho del mundo. Pero
no; hoy no es necesario. Basta con un ejemplo: el Gran Cañón del
Colorado en los Estados Unidos.
A los lectores que han tenido la oportunidad de
conocerlo, obviaré más palabras y les haré
directamente la pregunta de si le gustaría que Torres del Paine
fuese así.
Apuesto mi madre a que no.
¿No conoces el Gran Cañón? Bueno,
déjame planteártelo de esta manera. Si fueses un tipo
acostumbrado a Cancún y el Louvre, de una intelectualidad construida
sobre la base de cifras, edificios, almuerzos y autos, entonces
quedarás gratamente sorprendido con dicho sitio y hablarás maravillas
de lo hermoso que es. Más aún, querrás tener lugares así en Chile
y actuarás acorde, apoyando cualquier medida que vaya en esa dirección
(la gran parte de mis obesos ex-colegas pertenecen a este grupo,
felices de ir hasta la cumbre de la Torre Sur en funicular y luego
poder cenar en un restaurante en el Col Bich). Pero, si eres capaz
de pensar, aunque sea un poquito, el Gran Cañón del
Colorado te decepcionará profundamente, porque serás
capaz de darte cuenta el enorme desprecio implícito que allí
se hace a aquello que se suponía era sagrado: el medio ambiente.
Por supuesto que el National Park Service (NPS)
es súper riguroso en cuanto a las normativas habituales (caminar
sólo por los senderos, no botar basura, no entrar a zonas de recuperación,
no molestar animales, etc.), pero éstos de nada sirven si cerca,
DENTRO del área protegida, existe un pueblo completo. Y cuando digo
pueblo, no exagero: pistas de patinaje, trenes, hoteles, restaurantes,
tiendas, estacionamientos, caminos asfaltados, cines, McDonald's...
Tal dualidad sólo conduce a contrasentidos. Por
ejemplo, te piden que guardes silencio y tengas una actitud de respeto
para con los animales cuando caminas por el sendero peatonal de
la orilla sur, pero al lado tuyo, ¡AL LADO!, hay una pista asfaltada
de dos vías donde pasan unos buses más ruidosos que los amarillos
de Santiago (y eso sí que es harto decir).
La comunidad del Gran
Cañón está en otra. Está más preocupada de cómo los tacos y la falta de
estacionamientos afectan el turismo. Pero del ecosistema, poco. Y en cuanto al
smog, que ahora ha empezado a ser un problema, dicen "sí, es verdad...
pero los atardeceres son más hermosos que nunca".
A todo esto, hoy día perfectamente se podría colocar
un McDonald's en el Centro Administrativo de Torres del Paine y
no importaría mucho. No agregaría nada nuevo a lo que ya existe.
Un Problema de
Definición
Ustedes podrían
argumentar que quizás el problema radica en que lo que el país o Conaf entiende
por un Parque Nacional no es lo que a mi me gustaría tener.
Cierto. Puede ser.
Sincerémonos. Yo creo
que un Parque Nacional debe preservar un ecosistema en particular, a ultranza,
permitiendo la existencia de otras actividades sólo en la medida que éstas no
modifiquen el status quo. Con esto quedarían inmediatamente prohibidos
aquellos proyectos que involucren la construcción de instalaciones en el área a
proteger.
Pero está claro que esa es mi opinión y no todos
tienen que estar de acuerdo. Quizás haya personas que definitivamente
les encanta ir a hábitat "salvajes" como si se tratara
de un mall, pudiendo sacar fotografías a zorros y flamencos y luego
regresar a almorzar langosta en un sitio donde pueda chequear el
movimiento de la bolsa.
¿Qué dice Conaf al respecto? Veamos su definición:
"(Parque Nacional)... es un área
generalmente extensa, donde existen diversos ambientes únicos o representativos
de la diversidad biológica natural del país, no alterada significativamente por
la acción humana, capaces de autoperpetuarse y en que las especies de flora y
fauna o las formaciones geológicas, son de especial interés educativo,
científico o recreativo. Los objetivos que se pretende son la preservación de
muestras de ambientes naturales, de rasgos culturales y escénicos asociados a
ellos; la continuidad de los procesos evolutivos, y en la medida compatible con lo anterior, la realización
de actividades de educación, investigación y recreación".
¡Hey! ¡Nada que alegar! ¡Estoy de acuerdo! Podría
haberlo redactado de otra forma, con mayores énfasis en ciertas
frases, pero en el fondo, es una declaración razonable que,
al llevarla a la práctica, debería dejar fuera de
la ley a la mayor parte de la actual explotación comercial
de Torres del Paine. Porque, no me vengan con cuentos, tener un
hotel de muchas estrellas, o catamaranes en los lagos, es algo que
está lejos, muy lejos, del espíritu de lo declarado ("...
en la medida compatible con lo anterior").
Como no se pueden
dictar leyes que consideren todos los casos posibles, se necesita que las
instituciones que están a cargo de interpretarlas y velar por su cumplimiento
actúen con discreción, perspectiva, juicio, criterio y altura de miras.
Y aquí es donde
llegamos a Conaf.
Peras con Manzanas
Alguien me podría decir
que exagero. Que Torres del Paine está en inmejorable salud, que, si bien se
han cometido errores, éstos son menores y serán eventualmente corregidos.
Yo casi estaría de acuerdo, pero con una salvedad.
Que la institución de la cual dependen estos cambios me dé
garantías. Y Conaf no me las da.
Porque es una pésima organización. Llena
de funcionarios desmotivados, pasivos, ignorantes y burocráticos,
reunidos en una estructura que tiene todos los vicios de la administración
pública y ninguno de los beneficios de ser una corporación
de derecho privado. Estoy harto de escucharlos que todo se debe
a la falta de dinero, cuando eso sólo sirve para disfrazar una endémica
falta de talento, de decisión y de voluntad.
El organigrama, o la cultura organizacional que
lo generó, está mal enfocado. Sólo sirve para alejar
a quienes precisamente deberían cuidar: aquellos que tienen
la vocación de servicio. Porque el puesto más miserable en la escala
administrativa es el Guardaparque, persona que no recibe capacitación
adecuada y a quien se le considera prescindible, cuando debería
ser todo lo contrario, dado que la razón de ser de Conaf
se basa en el trabajo que se hace en el terreno.
Además, los ascensos
son por compadrazgos y la plana directiva son cargos de confianza, un eufemismo
para decir "dar trabajo a los amigos del partido". Desde el
Administrador actual del Parque Nacional Torres del Paine, hasta el Director
Nacional; todos ellos son personas que no estarían ahí de no ser por su
militancia política.
Todo mal. Y esto no
termina aquí. Hay más. Afírmense.
Si por esas cosas de la
vida se solucionaran las críticas de los párrafos anteriores y se cambiara lo
malo, por ejemplo, que Conaf fuese definitivamente un órgano autónomo, aún así
hay una increíble fisura en la institucionalidad chilena ambiental.
El objetivo mismo de la Corporación Nacional Forestal,
supuestamente el adalid nacional del sistema de área silvestres protegidas, no
es la protección del Medio Ambiente, ni el cuidado del ecosistema o la
preservación de la diversidad biológica. No señor (y por favor tome asiento).
La función principal de Conaf es "administrar la política forestal de
Chile y fomentar el desarrollo del sector".
Estoy copiando textualmente lo que CONAF dice de sí mismo. Y
sigo: “contribuir a la conservación, incremento, manejo y aprovechamiento de
los recursos forestales del país”. Y luego, el tiro de gracia, su misión es
“garantizar a la sociedad el uso sostenible de los ecosistemas forestales y del
patrimonio natural"
Más claro imposible. En realidad, Conaf está haciendo lo que se
supone que haga. Por eso, no les tiembla la mano cuando llega la hora de
sacrificar ecosistemas con el objetivo de recibir dinero.
Sí, es verdad que esta institución también hace suyo el tema de
la protección de la flora y fauna, pero ésta surge no cómo su directiva
principal, sino como una forma de "resolver la necesidad de conservar los
recursos forestales y de la vida silvestre y de impulsar su aprovechamiento racional para contribuir a la
economía nacional".
Con esto en mente, todo
tiene sentido. Échenle un vistazo a cómo ve Conaf el futuro: "Conaf
ha identificado otras 40 zonas que visualiza como áreas de gran potencial
turístico", "Según Conaf, estos parques servirán como un atractivo
turístico y permitirán a las comunidades locales desarrollarse en torno a
ellos", "según Jonathan Putnam, del departamento internacional del
NPS, Conaf está interesada en su experiencia con las concesiones, tales como la
construcción de hoteles dentro de los parques", "Conaf ha manifestado
que está abierto a la posibilidad de entregar más lugares en concesión",
"Conaf relanzó en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena un plan
de concesiones de reservas y parques nacionales en áreas que comprenden el 50%
de la superficie territorial de la zona", "En base a experiencias
extranjeras de manejo sustentable, se impulsará el ecoturismo dirigido a
visitantes provenientes de Estados Unidos y Europa", "Tres reservas y
cuatro parque nacionales fueron seleccionados para que particulares desarrollen
esta actividad en Magallanes, aprovechando el interés que ha despertado la
Patagonia para los visitantes de esos mercados de larga distancia",
"Con ello se busca replicar el éxito obtenido a comienzos de los años 80
en el Parque Nacional Torres del Paine, donde se entregaron 11 concesiones que
han ayudado a que la demanda anual aumente en el sector entre un 8% y un
10%"
¿Y dónde queda la protección
del eco-sistema?
Pero, claro, ¿qué quieren? Si Conaf es una institución
experta en explotación forestal. No en la conservación del medio
ambiente.
No se le puede pedir peras al manzano.
El Futuro
Ya. Sodoma y Gomorra en
Torres del Paine. ¿Se puede revertir la situación?
Bueno, ahí está lo
grave del asunto. Es tan difícil que es casi como decir imposible. Y cada
segundo que pasa, es peor.
De partida tendría que
cambiar radicalmente la misión de Conaf, para que tenga como única función
principal la protección del ecosistema. Luego, habría que prohibir, por ley,
las concesiones en los Parques Nacionales. Ergo, las existentes no serían
renovadas. Tendríamos que demoler los hoteles, las cabañas y los refugios,
además de sacar los catamaranes, botecitos y faluchos.
También debería
prohibirse el tráfico vehicular motorizado en los caminos internos, y reemplazarlos
por vehículos a tracción humana con el objetivo de establecer un filtro
primario: quien quiera visitar el lugar debe estar dispuesto a hacer un
esfuerzo y entender que es un privilegio, no un derecho.
Empezar la presión para
terminar con el abuso que hace Hostería las Torres. El estado chileno ha sido
tan malévolo para expropiar cuando lo ha necesitado (por ejemplo para las
carreteras) y justo aquí se viste de guante blanco. No digo caer en
ilegalidades, pero tampoco en la postura de "nada se puede hacer".
Créanme, hay métodos para llevarlo cabo; sólo se requiere valor.
Hay más. El Centro
Administrativo debería estar FUERA del Parque, en la reja misma si gustan. Ahí
pueden construir cuanta mugre se les ocurra, desde saunas hasta café con
piernas. Y, de pasadita, como un símbolo de todo lo que se hizo mal, destruir
hasta sus cimientos el actual Centro Administrativo.
Si no lo hacemos, ahora, ¡ya!, Torres del Paine será destruido.
Podrá tomar 50 o 500 años, pero no se engañen, ocurrirá.
¿Cómo? Sería algo así. De los 100.000 turistas se
pasará a 1 millón. Conaf sentirá la presión para entregar más y
más concesiones y cederá (porque lo suyo es la explotación forestal,
¿recuerdan?). Habrá más y mejores hoteles y restaurantes y piscinas
y barcos. El camino a Natales estará asfaltado, y luego será doble
vía, lo cual enganchará perfecto con el proyecto de la Hostería
las Torres para hacer un camino de auto hasta el Campamento Chileno.
Se construirán teleféricos a varios miradores y se mejorarán los
senderos, incorporando asientos, barandas y paneles explicativos.
Luego, bajo la exigencia de normas de seguridad y leyes anti-discriminación,
el Ministerio de no-se-qué exigirá pavimentarlos para que así también
los minusválidos puedan hacer uso de su "derecho" a ver
el Parque. En cuanto al Centro Administrativo, ya estará habitado
por 10.000 personas, con tiendas de souvenirs, pubs, piscinas, cuatro
supermercados y estacionamientos para 4.000 autos. Tal crecimiento
obligará a una nueva planta para tratar las aguas servidas y a hacer
una pequeña represa en el río Paine para proveer energía eléctrica.
Los proyectos estrellas de Conaf serán el tren hasta Punta Arenas,
un centro de ski y la construcción, al lado del Nordenskjold, de
un aeródromo que pueda recibir a clientes VIP (lo cual, sin querer
queriendo, también permitirá abrir una nueva concesión: tours en
helicópteros). Ah, lo olvidaba. También comenzará la tarea de encerrar
los pumas.
No ves que podrían atacar a los turistas.
Para Seguir Discutiendo
Puede que hasta ahora haya utilizado un lenguaje
algo duro, pero, debe quedar claro que en esta pequeña serie de
tres artículos, siempre asumí casos puros. Nada de ilícitos,
todos las personas contando con el beneficio de la duda. Pero ahora
imagínense agregar al análisis los efectos del tráfico de
influencias y la corrupción...
Con respecto a Torres del Paine, bueno, sólo es un ejemplo más.
Las otras áreas protegidas del país, a diversa escala y en diversos
grados, son víctimas del mismo fenómeno, otra Tendencia Fundamental
Social que podría enunciarse así: "los hábitat naturales serán
arrasados".
Estas fuerzas, y
otras hermanas, están prevaleciendo, lo que me deja una visión bien sombría del
futuro: todo el país urbanizado, lleno de centrales hidroeléctricas y
Sergio Lagos como Presidente de Chile.
Si decidimos tener áreas protegidas, entonces debemos
ser coherentes y cuidarlas de estas presiones. Entender, como sociedad,
que "protegido" significa "protegido", y no
"protegido hasta que encontremos oro". Dicho de otra manera,
debe haber una deseo formal que diga que, no importando qué, ni
cuánto, ni dónde, tales áreas son sagradas.
Es difícil. Claro que sí. Tanto, que es un verdadero test para
la cultura cívica de las naciones; una prueba que diferenciará aquellas que
ocuparán un lugar en la historia, de otras que vagarán por el desierto sin
memoria ni propósito.
Hace falta dinero. Sí, pero ¿cuándo no? Siempre
ha sido así. De hecho, ya me están chupando dinero, a través
de mis impuestos, para financiar Conaf. O sea, no sólo me están
esquilmando, sino que más encima lo hacen para financiar la destrucción
de algo que me importa. No me ayude tanto compadre.
Si hay alguna cosa que se justifica financiar con impuestos es
la conservación del medio ambiente. Y si, aún así, no alcanzara, bueno, ¿cuál es el problema? Se cierra
el Parque hasta que existan recursos.
¿Y qué? ¿Qué tanto? ¿Cuál es el problema? (ni se atrevan a
pronunciar la palabra Turismo).
Réquiem
Arruinaron mi Parque. Sí. Mí Parque. También es
mío. Y tuyo, y nuestro, y de nuestros descendientes.
Lo hicieron entre
cuatro paredes, sin participación ciudadana, sin tener posibilidades de
contrapesar las visiones de explotación forestal que corrompe la estructura de
Conaf. Lo hicieron a través de todo tipo de gobiernos, a través de décadas. Por
funcionarios que la ciudadanía pensaban que eran "ilustrados", cuando
en realidad eran mediocres tinterillos.
Cometimos el error de
confiar el cuidado de la biodiversidad a la organización equivocada, por lo que
necesitamos otra institucionalidad que nos represente y que, incluso nos
defienda de Conaf, lobos vestidos de oveja, llenos de motivaciones
contradictorias.
Mientras Conaf exista,
no habrá paz para nosotros. Nuestra supervivencia exige su desaparición.
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