|
Es La Educación, Estúpido
Por el Anticristo (15 julio 2003)
De Alfas y Betas
La columna anterior trató acerca de la muerte.
Su análisis desarrolló varias ideas secundarias,
siendo una de ellas la tendencia que tienen ciertos montañistas,
talentosos e impacientes, por irse a la tumba antes de tiempo. Los
llamados montañistas Alfa.
Un astuto lector me hizo llegar su parecer y
también una interesante línea de pensamiento. Esta es, dado que se es Alfa, ¿es
posible encauzar adecuadamente tanta energía y ambición? ¿Hay alguna manera de
acelerar el cambio? ¿O es tan sólo un proceso que simplemente ocurre?.
En otras palabras. ¿Cómo se llega a ser un montañista
Beta?
Al Menos Uno. Al Menos Una
Por las rechupallas. Buen punto.
Puede parecer un tema absurdo, poco aterrizado.
Pero hay que recordar que de lo que aquí estamos hablando es de
tragedias que afectan a un grupo importante de montañistas, los
Alfa. Si después de esta cháchara, al menos uno de ellos
corrige al menos una conducta cuestionable, entonces esta
reflexión habrá valido la pena.
Pero para poder contestar apropiadamente las
anteriores preguntas, primero es necesario discutir un poco acerca de las
variables que moldean el comportamiento de un Alfa. Con ellas en mano, se puede
ver claramente dónde está el problema.
¡Oh!, Ese Ansiado Defecto
El primer factor que incide en el
comportamiento de los Alfa, y por lejos la más importante, es su juventud.
Es desde ahí donde provienen el atrevimiento,
la irreverencia, la ambición, la valentía, la competitividad y todo ese cúmulo
de virtudes/defectos que caracterizan tan bien a los jóvenes. No debiera
sorprender, entonces, el ver que esas mismas facetas se reflejan en los
ascensos y actividades que ellos acometen.
Luego, sí quisiéramos convertir los Alfa en
Beta intentando modificar esta variable, estaríamos perdiendo derechamente el
tiempo. Decirle a un muchacho que no sea impaciente es como silbar en contra
del viento.
Pero, ¿saben algo?, me alegra que sea así. Porque
es la juventud la que precisamente cambia el mundo, enfrentando
viejos esquemas y derribando mitos, sin llevar consigo las pesadas
cadenas creadas por el pasado.
Por aquí no hay nada que cambiar.
Primera Infantil
La siguiente variable es el ambiente en el
cual se desenvuelven.
Si es provocador, llenos de aventuras increíbles, el Alfa
se sentirá tentado a imitar tales comportamientos, sin importarle mucho que tan
preparado esté para ello.
Y hoy, cuando el mundo es una servilleta,
todos nos encontramos en un entorno sobre-estimulado, saturado con historias de sobrevivencia y
conquista que dejan a nuestras epopeyas personales en la categoría de cadetes.
Después de leer las casi invencibles hazañas de Messner, Lorethan, Huber,
Twaigh, Garibotti y tantos otros, hasta a mí me dan ganas de agarrar mis
piolets y tratar de subir la Pared Sur del Aconcagua en el día desde mi casa.
Si desearamos encauzar correctamente la energía
de los Alfa limitando este punto, no nos quedaría otra que censurar.
Desde negar información o esconder material, hasta restringir accesos
y prohibir actividades. Todo con tal que no sepan que hay otros
que van más lejos, más alto y más rápido.
Pero tal enfoque es absurdo. La libertad de
información es uno de los baluartes de cualquier sociedad que se considere
avanzada y está archicomprobado que filtrar datos con la excusa de proteger a
un individuo adulto, es razón suficiente para que una comunidad termine siendo
pobre, pasiva e ignorante.
Es la Educación, Estúpido
La tercera y última variable importante que
incide en la creación de los Alfa es su Educación.
Así, con mayúscula. No sólo la recibida en el
colegio o en la casa, sino que también aquella que proviene de la vida misma
(de las cuales precisamente los jóvenes, per se, normalmente carecen).
Si alguien aprende los secretos de nuestra
disciplina de una manera formal, tomando cursos, verá que en nuestro país es
enseñado sólo como un conjunto de técnicas. Primero las más fáciles, luego
otras más complicadas. Caminar, armar la carpa, esquiar, usar el piolet, hacer
un nudo, encordarse, poner un friend, colocar un copperhead, prevenir una
avalancha, reducir una fractura, y otras muchas más.
Esta forma de instruirse muestra cierta lógica
y parece acertada, pero, como diría mi viejo profesor de matemáticas, aunque
necesaria, es insuficiente.
Y es aquí precisamente donde sí podemos hacer
algo.
Un Nuevo Orden
Aún hoy sigue la polémica de si el Montañismo
debe considerarse o no como un deporte. Esto es un tema en si (cuya discusión
la dejaré para después) pero adelanto que, en base a todo lo que he visto, yo
lo veo como una forma de vida.
Coherentemente con esta visión, la enseñanza
de nuestra disciplina debería incorporar conceptos que van más allá de la
técnica y que tratan de cosas más filosóficas, o espirituales. Todas con la
finalidad de convertir a quienes lo practican en mejores personas.
Si viviéramos en un mundo ideal, se debería
exigirle a cualquier alumno de Montañismo que tuviera cuarto medio terminado,
como una manera de asegurarse que sabe leer, escribir y tiene al menos una vaga
noción de como funciona la sociedad. Luego, lo bombardearía durante mucho
tiempo con nociones de ética, tolerancia y moral, intentando generar individuos
generosos y respetuosos. Verdaderos Caballeros Jedi de la Montaña.
Pero reconozco que lo anterior es irreal. Porque
no hay dinero ni profesores creíbles. Probablemente ni yo tomaría un curso
llamado “Ética y Dios en el Estilo Alpino”. Además, que tarde o temprano
debemos hacernos responsables de nuestras decisiones y no podemos seguir
alargando por siempre el proceso de aprendizaje pasivo.
Por eso, en la práctica, un proto-Alfa debe
aprender por sí mismo después que sale de los cursos básicos. Proceso que lo
lleva a repetir todos los errores habidos y por haber y, a veces, a morir en el
intento.
Recapitulando
Ahora podemos contestar las preguntas.
Por todo lo dicho, hoy, en nuestro país, dado
que se es Alfa, lamentablemente la transición a Beta es algo que simplemente
ocurre. Pero sí es posible encauzar adecuadamente tanta energía y ambición, y
también, sí hay maneras de acelerar el cambio.
Estas últimas pasan sencillamente por tratar
de elevar la educación de nuestros montañistas, lo cual requeriría un poco de
cambios en la estructura educacional y también una mayor conciencia del
problema en la comunidad que circunda al Alfa y al proto-Alfa. Así, ellos
recibirían mensajes oportunos y adecuados que los alertarían del problema a
tiempo. Algo así como susurrarles en su oreja, tras cada ascenso victorioso, la
frase destinada a los comandantes romanos: “recuerda que eres mortal”.
Como yo también deseo contribuir, ya preparé
una lista corta de cosas que un Alfa y un proto-Alfa deberían tomar en cuenta.
No son cosas mágicas, sino tan sólo aspectos razonables que, además, les serán
útiles en su vida.
Pero eso lo dejo para la siguiente columna.
|