Anticristo: Los Expertos de Siempre
La Columna del Anticristo
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Los Expertos de Siempre
Por el Anticristo (marzo 2004)
Cada cierto tiempo surgen voces que piden regulaciones especiales para las actividades de deporte aventura. Algunas se enfocan sobre las agencias comerciales que organizan circuitos o eventos; otras, en la determinación de responsabilidades cuando ocurren accidentes y rescates.
Son opiniones bien intencionadas de diputados, senadores y autoridades varias, quienes intentan proteger a su gente a través de generosas leyes y reglamentos.
Se agradece.
Pero advierto que, en cuanto al montañismo, no van a funcionar.
Al menos no mientras no se considere un aspecto fundamental de nuestra disciplina, característica que no cambiará nunca ni en Chile ni en el resto del mundo.
Por sus Obras los Conoceréis
Primero debo hacer una consideración preliminar.
Tal como manifesté hace algún tiempo atrás en otra serie de reportajes, en montañismo, a la hora de las evaluaciones, lo que mandan son los hechos, no las capacidades (cuarto lema del Anticristo).
Ésta, la capacidad, sólo puede ser certificada si viene acompañada de una expresión tangible de tal habilidad, lo cual en montaña significa un resultado. El currículum es el que manda. Adónde ha ido, con quién, por cuál ruta, cuándo, cómo.
Dicho de otra forma; llegado el momento de calificar a un montañista, es irrelevante hablar de su capacidad aeróbica o de si puede hacer 30 flexiones en la barra. Lo que importa es saber cuántos seis miles ha subido o si escaló o no el Murallón.
Este hecho, que parece sólo referirse a la componente deportiva del género, en realidad se aplica a todos: guías, instructores y practicantes. Obviamente hay énfasis distintos para cada una de estas facetas, pero todas ellas, en el fondo, hacen referencia a lo mismo: subir montañas, escalar paredes, caminar por valles.
Puede parecer injusto, de hecho lo es, pero, gústenos o no, es una regla que existe.
De paso, aprovecho de comentar que esta característica no es igual en otras disciplinas. Si analizamos los deportes un poco más colectivos, por ejemplo, el fútbol, se da el caso de jugadores talentosos que pueden no haber ganado ningún título ni haber sido goleadores. Sin embargo, eso no los inhabilita para tener el rótulo de ídolos, lo cual, a su vez, les permite ser voces autorizadas en el medio en el que se desenvuelven.
La Variable Perdida
Si se está de acuerdo con lo anterior, entonces surge poderosa una conclusión de alcance insospechado, la cual torpedea cualquier intento de traer nuevas fiscalizaciones al andinismo si es que no es considerada (de rebote, también es mi quinto lema director).
En Chile, los exponentes de elite del Montañismo son civiles.
Así es.
Entendiendo por "elite", en este contexto, a los deportistas, instructores o guías que, por su experiencia, conocimiento, actitud, técnica o rendimiento, poseen la justificación moral y ética para llegar a ser evaluadores del medio.
Deportivamente hablando, ya sea aquí, en las clásicas paredes de los Andes Centrales, o bien en las remotas cordilleras de los extremos del mundo, las mejores actividades, aquellas que aportaron con un grano de arena, fueron hechas por civiles: Everest, Yosemite, Perú, Antártica, Campo de Hielo Sur...
Igual cosa con los educadores (porque para ser un buen instructor es condición necesaria tener o haber hecho buenas cosas) y guías (aspecto que los no-civiles no abordan dado que oficialmente les está impedido desempeñar un trabajo adicional).
Los exponentes de las Fuerzas Armadas y de Carabineros (incluso CONAF u otras instituciones similares), ya sea a través de sus grupos  de operaciones especiales o bien mediante esfuerzos individuales, no conforman grupos de elite en montaña. Han hecho cosas, algunas de ellas bastante meritorias, pero al momento de las evaluaciones, sus actividades son inferiores en cantidad y calidad a las realizadas por los no institucionales.
Esta afirmación, la superioridad civil en la disciplina, la hago con mucha responsabilidad y advirtiendo que las manifestaciones alpinisticas de las Fuerzas Armadas y de Carabineros son honorables y merecen mi respeto. Pero, quizás por su natural orientación, sus miembros no disponen del tiempo, del dinero o de la libertad necesaria para progresar en la práctica de nuestra disciplina.
Y que quede claro inmediatamente. Este lema no tiene nada que ver, ¡NADA!, con intentos de revivir diferencias socio-políticas entre el mundo civil y militar, ni tampoco con veladas ofensas a ningún tipo de gobierno pasado o presente.
Quién Lleva la Batuta
¿A qué viene todo esto?
Estábamos hablando de la fiscalización que se intenta establecer sobre las actividades al aire libre. ¿Cierto?
Bueno. Lo que ocurre es que cualquier proyecto que intente regular nuestra disciplina pasa, tarde o temprano, por el tema de quién debe decidir quién es apto para intentar una actividad y quien no lo es. Situación que por ejemplo puede ocurrir en un curso (cuyo objetivo es obtener una certificación de guía) o bien a la entrada de un Parque Nacional.
Nadie se opone a que un deportista, un guía de escalada o un monitor sea calificado. El problema surge cuando se debe responder a las preguntas de ¿quién evalúa? y ¿quién fiscaliza?
Confrontado a estas interrogantes, un ciudadano común y corriente respondería... ¡Carabineros! ¡El GOPE! ¡Las Fuerzas Armadas! ¡CONAF! Es decir, saldrían a la palestra aquellas instituciones que de un modo u otro ya poseen algún tipo de mandato emanado por la sociedad.
Pero en montañismo, estos entes no son los "expertos". Un sacrificado carabinero ubicado en los lindes de los Campos de Hielo no puede ni tiene los conocimientos para juzgar si quien está entrando posee o no la experiencia, el temple, la capacidad y el equipo para acometer lo que desea.
Soluciones de apoyo que se han propuesto para reforzar el papel de un supuesto guardián "ignorante", no sirven. Por ejemplo: exigir un equipo mínimo (inútil; porque rutas en estilo alpino obliga a veces a prescindir de ciertos items "obligatorios"); requerir la presentación de credenciales (inútil; porque la afiliación a la formalidad, léase Federaciones, Asociaciones o Clubes, son voluntarias, no obligatorias); educar a los guardianes (insuficiente; si el cancerbero no practica montañismo, no entenderá de lo que está hablando); exigir dinero en garantía (ineficaz; con eso, lo único que se logra es que más gente eluda los controles).
Los que más saben acerca de esta actividad somos nosotros. Tú y yo. Desde el joven hippie que junta sus monedas, toma la micro al Cajón del Maipo y escala la Pared Sur del Morado en solitario, hasta aquel Ingeniero que sube en su Jeep Wrangler a Baños Morales, para liberar "La Ira de Thor" en el único fin de semana libre que tiene al año.
Ambos son los que llevan la llama de nuestra disciplina.
Díctese, Nómbrese y Olvídese
Quienes detentan el poder en nuestro país pueden llenarnos con decretos y obligaciones para hacer más seguro el deporte aventura. Están en su pleno derecho hacerlo.
Pero si ellas dejan la fiscalización del montañismo fuera del mundo civil, no funcionarán. Tales leyes sólo generarán irregularidades y descriterios tales que la gente las obviará pronto dada su falta de conexión con la realidad.
Para terminar algunos años después igual que todos aquellos proyectos de ley que eran malas ideas. Letra muerta.