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Fundamentales Tendencias Sociales
Por el Anticristo
(febrero 2006)
No sé por qué la gente importante
insiste en desafiar problemas sociales sólo con discursos. Mensajes que siempre
están apelando a la conciencia de la ciudadanía y que no dejan de llevar una
cierta pizca de jactancia, como si por el sólo hecho de provenir de ellos serán
suficientes para alterar el curso de los eventos.
No pretendo menospreciar las discusiones que se dan en el plano
de las ideas, y admito que para evolucionar como especie es fundamental contar
con la buena voluntad de sus miembros, pero estos llamados, por sí solos, son
inútiles si es que afectan fenómenos que se derivan de la misma naturaleza
humana.
Si nuestros líderes realmente quisieran ser efectivos en lo
que desean, a las palabras tendrían que agregar la promulgación
de las medidas que van a actuar como barreras de contención de las
fuerzas que importunarán. Pero lo anterior, hacer y decir, es recurrentemente
olvidado por las autoridades, quienes gastan una parte importante
de su tiempo sólo en hacer estos emplazamientos "a la conciencia
de la ciudadanía".
No me molestaría tanto... sino fuese porque "su
tiempo" es "mi dinero".
Teatro del Absurdo
Nada mejor que partir con un disparate de ejemplo para
mostrarles una de estas fuerzas fundamentales que se derivan de la naturaleza
humana.
Supongamos que hubiese una severa hambruna en el país.
Enfrentados al caos, y como única manera que los alimentos alcancen para todos,
las autoridades emiten un comunicado pidiéndole a las clases pudientes que se
abstengan de comer.
Así, tal como está planteado el caso, la "solución"
fracasaría. Porque no importaría cuánto apelara el mensaje a los
sentimientos patrióticos de los ricos, o a su responsabilidad social,
al final, igual terminarían comiendo dado que su supervivencia personal
está en riesgo. Si el Estado realmente quisiera hacer cumplir su
objetivo, entonces el discurso tendría que ir acompañado de medidas
perentorias, como por ejemplo, ejecución sumaria a toda persona
bien vestida que fuese sorprendida con un alimento en la boca. Pero,
claro, llegaría un momento en que la situación sería inmanejable
porque la gente acabaría muriendo igual, ya sea por inanición o
fusilada. Por eso dije que era un ejemplo absurdo.
Sin embargo, ahora mismo, al terminar de escribir
el párrafo, no puedo dejar de encontrarle cierto parecido a un caso
real: el control de la natalidad en China. Una sociedad que ha tomado
medidas severas para impedir el crecimiento demográfico (otra fuerza
fundamental de la sociedad, derivada de la necesidad humana de perpetuarse).
A los habitantes urbanos sólo les está permitido tener un hijo;
a los rurales, dos (para que puedan ayudar en las labores del campo).
Quienes fallan en la "cuota" reciben cuantiosas multas
debido a "la carga extra que imponen a la sociedad". Aunque
dicha legislación contempla excepciones, por ejemplo las minorías
étnicas tienen un tratamiento distinto, tales casos no alteran el
fondo del asunto. Esto es, un gobierno empleando todas las herramientas
que posee para impedir el libre ejercicio del deseo atávico de reproducirse.
Discursos y acciones unidos en pos de un propósito.
¿Se imaginan si 30 años atrás, las autoridades chinas sólo
hubieran arengado a sus ciudadanos, apelando a su sabiduría cívica para que no
tuvieran más de un hijo?
Madle y Vilgen Malía. Ahola todos estalíamos comiendo aloz.
Siempre las Buenas
Razones
Las situaciones anteriores son muy radicales y evidentes.
Las realmente peligrosas son otras, las sutiles, aquellas a los
cuales nadie presta atención en el día a día pero que con el tiempo
se revelan nefastas por su efecto acumulativo.
Aquí tienen un ejemplo clásico: los
sistemas políticos democráticos tienden a crecer más rápido que
las sociedades que los albergan.
Eso explicaría porque la cantidad de congresales
o ministros siempre se incrementa más rápido de lo que el natural
crecimiento demográfico o territorial pareciera exigir, una supuesta
necesidad siempre convenientemente explicada por nuestras autoridades
con persuasivas razones (tales como apuntar a tener un sistema más
eficiente, justo y democrático).
No se puede negar que, en teoría, en la medida que
las sociedades crecen, es más complejo legislar y dirigir, requiriéndose
un número creciente de recursos para llevarlo a cabo. Pero en los
hechos este argumento, si bien válido, peca de mucha inocencia.
Más que ajustarse a una nueva realidad, es más probable
que el tamaño de los Poderes crezca sólo porque es una manera "fácil"
de descomprimir la presión que existe por acceder a ellos; si hay
un mayor número de cargos a los cuales se puede optar, los partidos
políticos tendrán más opciones para responderle mejor
a las ambiciones de sus partidarios y, consecuentemente, enfrentarán
menores conflictos internos.
Lo anterior no ocurre necesariamente porque los políticos
partidistas sean malas personas, o buenas. Son simplemente humanos. Sometidos
como tantos otros a un ambiente que los tensiona lo suficiente como para
obligarlos a usar todas las opciones que estén a su disposición. Y como bajo
estrés es difícil tener perspectiva, en los hechos, en el largo plazo, terminan
legislando más en favor de sí mismos y de su ambiente que a favor de la
sociedad a la cual supuestamente deben servir.
Tengo que Decirlo
Entiendo que éste no es el lugar adecuado para analizar
en detalle las más importantes fuerzas fundamentales que
he vislumbrado en Chile. Pero si no enuncio aquí algunas
de ellas corro el riesgo de quedarme atragantado. Ante eso, mejor
describir brevemente 5 de las más notorias:
1) Los impuestos tienden a subir
No importa lo que digan las
autoridades de turno, los pactos de caballeros, los acuerdos políticos o las
promesas de campaña. A la primera necesidad de efectivo, ¡paf!, impuestos a
diestra y siniestra.
2) Los planos
reguladores se cambian apenas promulgados
Son lo suficientemente dúctiles
como para que ya nadie les tenga confianza. Típica situación de una familia que
opta por un lugar de alta plusvalía para luego, recién instalados, encontrar
que le están construyendo una "hermosa" autopista al lado.
3) Las Fuerzas Armadas se centran en sí mismas
Se refleja en los procesos de
selección de las Escuelas Militares, o el rechazo a la participación civil en
tomas de decisiones. Son vistas como ajenas a la sociedad, cuando debiera ser
lo opuesto.
4) El Cobre
genera subdesarrollo
Mientras
más dependiente de este mineral seamos, más pobres y débiles estaremos.
¿Contrasentido? No. Es lo mismo que les ocurre a los países petroleros,
quienes nadan en dinero sólo gracias a un regalo de la madre Tierra
y no fruto de la creatividad humana. Mientras el cobre exista
en Chile, nunca seremos un país desarrollado.
5) Autoreferencia de la televisión abierta
Tienden
a hablar para, por y de sí mismos. Es una capa impermeable que
sólo toca los temas que la afectan, atrofiando la función de comunicación
que también debería tener (recuerden que hablamos de televisión
abierta, posible sólo gracias a que la sociedad les entregó graciosamente
el uso de las frecuencias respectivas).
Difícil, Muy Difícil
Estas "fuerzas" no son necesariamente malas, pero se
transforman en problemas cuando comienzan a extenderse más allá de su esfera
natural, creando distorsiones que terminan dañando el adecuado crecimiento de
la sociedad.
O sea, son como enfermedades. Algunas provocando dolores de
cabeza; otras, cáncer (en Chile, la "centralización" es un ejemplo de
sarcoma maligno). Por eso es importante controlarlas. Que no se desbanden, que
no contaminen todo, que se circunscriban sólo a su área, y no más que eso.
Lamentablemente controlarlas no es fácil. Requiere
de esfuerzo, perspectiva, carácter y disciplina, con medidas impopulares
y de efectos sólo en el largo plazo. Por eso es que normalmente
estos cambios no se hacen y la democracia se termina por degradar, agotando la paciencia
de los grupos radicales que tenderán a buscar el poder por la
fuerza, con el anhelo de hacer las reformas ellos mismos, sin tener
que negociar con nadie. Pensamiento tentador, que, como hipótesis,
talvez podría pasar por benigna. Pero ya sabemos que por
cada mil tiranías sangrientas apenas una, quizás, puede decirse
que haya tenido éxito al respecto. Un costo demasiado alto. Además
que la única manera para que los cambios perduren en el tiempo es
que sean moral y éticamente válidos; sino sólo se mantienen
mientras dura el reino del fusil, luego de lo cual se regresa a
lo que había antes. Y vuelta a empezar con el ciclo.
Y Ahora, ¿Quién Podrá Defendernos?
Hay más malas noticias. Buena parte de estas fuerzas
fundamentales tienen directa relación con los poderes del Estado,
quienes precisamente se supone deberían ser nuestros adalides.
Veamos el Legislativo. Dada su composición, difícilmente tomará
medidas que atenten en contra de sí misma. Por más loables que sean las
motivaciones de sus integrantes, al final igual son organizaciones que obedecen
a las mismas reglas que rigen a todas las organizaciones del mundo; esto es
que, a la larga, tienden a olvidar los objetivos para los cuales fueron creados
y comienzan a deberse a sí mismas, confundiendo ambas. Expresan que "esto
es necesario para el país", cuando en realidad lo que quieren decir es que
"es necesario para el Poder Legislativo", y, de ahí, de rebote, al ser bueno para ellos, también lo será para el país.
Pero eso no siempre es cierto. Es cosa de ver alguno de los
disparates que se ha discutido en nuestro Congreso: las leyes que defienden la
honra pública de las personas, la eliminación del requisito de residencia en la
región que se desea representar, las desproporcionadas barreras de entrada para
los candidatos independientes, la obligatoriedad del voto, la inexistencia de un sistema de castigos a los
parlamentarios que no hacen su trabajo, negarse a hacer obligatorio el examen
anti-drogas, la poca rigurosidad en la fiscalización de sus gastos, etc., etc.,
etc. Ad nauseam.
Y el Poder Judicial no sale mejor librado. Yo nunca olvido, y
les conmino a recordar que ellos se opusieron sistemáticamente a la reforma
procesal penal. Tal cambio nunca hubiera salido de ellos mismos y solo se hizo
porque, para su desgracia, su implementación dependía de los otros poderes del
estado.
El caso del Ejecutivo en Chile es distinto, porque, dada la
democracia presidencialista que tenemos, bastaría que los
"revolucionarios" llegaran a la Moneda para poder hacer los cambios.
Obviamente, tendrían que lidiar con la resistencia política y ciudadana que se
generaría, pero eso es otra historia.
A todo esto, esta característica de nuestro
sistema político, la de ser presidencialista, es la que explica
por qué es tan importante elegir buenos presidentes. Porque
damos una cantidad no despreciable de poder a una sola persona,
confiando en que hará un buen uso de él y, agregaría yo, que no
perdiera el tiempo.
Un acto de fe enorme, que nuestros mandatarios
nunca deberían olvidar.
Get Up, Stand Up, Don't
Give Up Your Fight
Si los líderes pierden su tiempo hablando y sólo hablando. Si
los poderes del estado no legislan pensando en el futuro. Si además hay
corrupción, tráfico de influencias, chantajes, compadrazgo, partidismo
político, mediocridad y maldad... ¿significa entonces que ya nada se puede
hacer? ¿Qué sencillamente la batalla está perdida y que nuestra sociedad
seguirá siempre igual, sin mejorar, sin aspirar a la excelencia?
No. Hay esperanza. Y esta radica única y exclusivamente en la
gente. Nosotros. Tu y yo.
No es idealismo barato, ni tampoco estoy copiando eslogans,
sino que sencillamente destaco el hecho que nosotros somos sólo lo que nos
merecemos. Si queremos más, debemos entonces luchar por ello.
Si todos los que están en contra del voto obligatorio se
movilizaran y se saltaran a los partidos políticos establecidos (que tienen su propia agenda), estoy seguro que
triunfarían inmediatamente. Y lo mismo acerca del servicio militar, la pena de
muerte, la eliminación de la censura, el aborto o muchas otras causas que, me
gusten o no, intuyo que cuentan con una aprobación mayoritaria.
Y esto es sólo un retazo de causas, porque existen aquí mismo,
alrededor nuestro, millones de problemas que nos molestan y que están esperando
por alguien que les preste atención. Un individuo que organice, dirija y
encauce estas causas huérfanas, sacándolas del abandono en que se encuentran.
Tanto que reclamamos a veces... ¿Y qué hacemos al respecto?
¿Por qué esperar a que "otros" lo hagan? ¿Por qué no lo haces tú? No
se necesita estudiar para eso, ni siquiera ser "líder" (palabra tan
manoseada que de sólo escribirla me dan arcadas).
En realidad, se requiere sólo una cosa. Coraje.
Ya sea para ayudar a una niña que necesita una operación en el
extranjero, crear un área protegida, resolver el financiamiento de una
biblioteca, luchar por la derogación de la Ley de Seguridad Interior del Estado
o eliminar un impuesto, todas son causas que los ciudadanos pueden tomar como
suyas y encontrarles una solución. Mucha mejor actitud que sentarnos como
amebas en nuestros sillones a la espera que "alguien" haga algo.
Controlar el desmadre de las fundamentales tendencias
sociales pasa sí o sí por sus ciudadanos. En la medida que estos
se involucren, movilicen y exijan, habrá una chance de mantenerlos
a raya. Si no, difícil.
En el Siguiente Capítulo
Lamento la extensión, pero necesitaba desarrollar
estas ideas como paso previo para desglosar, próximamente,
el fenómeno más importante que está afectando hoy a los montañistas
nacionales.
Y, de pasadita, darle con todo a una torpe, ignorante y
mediocre institución chilena.
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