Anticristo: ¡Hey! Lo Tengo
La Columna del Anticristo
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¡Hey! Lo Tengo
Por el Anticristo (agosto 2005)
De tanto en tanto, la opinión mediática se impacta con la noticia de los accidentes en montaña. Es entonces que la problemática de los rescates asociados es debatida y surgen las preguntas clásicas. ¿Quién los organiza? ¿Quién debe pagar por ellos? ¿Dónde empieza y termina la responsabilidad civil? ¿Cómo organizarlos? ¿Qué se puede exigir?
Pasadas las urgencias, normalmente nada cambia, excepto los funcionarios públicos de las instituciones que se sienten llamadas a resolverlo. Este recambio a veces genera más problemas de lo que se pretenden solucionar, cuando los recién llegados hacen tabla rasa del conocimiento adquirido por sus antecesores.
Y si no me creen, vean este caso, mucho más cercano a la realidad de lo que uno desearía.
Ciudadano Ejemplar
Conafín Panzón es un funcionario que, debido a su brillante desempeño, se le ha promovido a la más importante corporación forestal.
Recién llegado a su nuevo escritorio, ve facturas por pagar por el uso de helicópteros empleados en apagar los incendios de la última temporada. Sus montos son tan abultados que sus superiores, preocupados, le han pedido que vea la manera de que nunca más la Institución reciba tales boletas.
Conafín Panzón se va preocupado para la casa. Mientras cena su acostumbrado hiper-plato de bifé a lo pobre, sigue meditando, mas no da con una respuesta. Incluso se acuesta tan concentrado que, al colocar su cabeza en la almohada, no le viene su clásica sensación de ser un hombre bueno, sagaz y merecedor del Paraíso, sino que una de "miedo", por no poder responder a las espectativas.
Pero al despertar la mañana siguiente, ¡bingo! Una idea genial. Sale disparado de la cama, se viste apresurado, apenas se contiene en el taxi, entra corriendo a la oficina y les grita a todos:
- ¡Hey! ¡Lo tengo! ¡Exijamos un seguro de rescate a los montañistas!
Atájenlo
Brillante. Bravo. Bravísimo.
Qué perfecta joya de lógica impecable. Cobrarle a los montañistas por los incendios. Genial. Después de esto vamos a tener que aumentar la restricción vehicular cada vez que baja la producción de condones en Uganda.
Lamentablemente, si Conafín Panzón no está rodeado de gente aterrizada, no tendrá barrera de contención alguna que le impida implementar esta exigencia, una solución que parece perfecta y en sintonía con lo que la gente reconoce como de sentido común.
Pero, tristemente, esta idea no funciona, algo que los antecesores de Conafín Panzón ya sabían porque habían dado iguales batallas. Si nuestro amigo se hubiera dado el trabajo de estudiar, antes que pensar, se habría dado cuenta de la estupidez que estaba proponiendo.
Así es. En Chile, hoy, no existe manera alguna de hacer viable la solución de los rescates en accidentes de montaña vía un seguro ad-hoc. Por cuatro simples razones.
1. Inexistencia
Primero, porque en Chile no existen.
Llega a dar risa exponerlo así. Exigir cosas que no existen. Así entendido, si los Parques Nacionales quisieran implementarlo, en los hechos estaría transformándola en una prohibición de ingreso, con las subsecuentes implicancias constitucionales. Incluso, no para ahí. Como en ciertos países sí existen dichos seguros, se daría la impresentable situación qué sólo los extranjeros podrían escalar las montañas chilenas.
Tampoco es realista pensar que se puede implementar dicho producto en el corto plazo, dado que es un asunto de mercado. Sencillamente no hay suficientes escaladores como para que las empresas consideren viable crear tal seguro. Y comprarlo afuera no es opción, dado que normalmente se exige ciudadanía y residencia.
Basta este argumento, la inexistencia, para destruir el edificio intelectual de Conafín Panzón. Pero, no nos quedemos tan pronto sin diversión y sigamos haciendo pedazos su lógica con las tres restantes objeciones.
2. Discriminatoria
Para efectos de pagar las horas de vuelo de un helicóptero, a éste le da lo mismo si tiene que ir a buscar a un excursionista con apendicitis al glaciar Grey o a un escalador que ha sido bajado de la Torre Norte. Es decir, exigírsela solamente a los montañistas sería discriminatorio.
Bueno, diría Conafín Panzón. Qué tanto problema. Agreguemos también a los caminantes.
Pero, ¿qué hay entonces de los clientes que toman circuitos de turismo aventura? ¿Y sus respectivos guías, ayudantes, cocineros, porteadores y choferes?
Y aquí es donde se pone buena la cosa, porque, nos guste o no, Chile no tiene el monopolio de la explotación de los circuitos de aventura. Si aumentamos en demasía los costos de nuestros circuitos, los terminaríamos reventando. Recuerden que, además de competir con el resto del mundo, nuestros programas más exitosos tienen copias similares en Argentina y Bolivia (en el caso de los escaladores, éstos se encaminarían al área del Fitz Roy, con el subsiguiente daño en la economía de Puerto Natales y Punta Arenas).
Pero Conafín Panzón dice que no importa. Mala suerte. Todos los anteriores también tendrán que contar con el seguro en cuestión.
Ok, digo yo. Entonces tienes que agregar a los que practican rafting, kayac, parapente, alas delta, cazadores, pescadores, científicos, nadadores, motociclistas, buzos... En buenas cuentas, a todos aquellos que se distancian de los centros poblados.
Se puede hacer... pero sería ridículo.
3. Servicio
Tener un seguro de rescate es un arma de doble filo. Si voy a tener que pagar por ser evacuado, tengo entonces todo el derecho del mundo para exigir que éste sea realizado por un equipo profesional.
Pero en Chile éstos no existen (ni el CSA ni el GOPE lo son),  y, por razones económicas, no es realista pensar que se podrá implementar uno en el corto plazo.
Porque contar con, digamos, 6 personas expertas en rescates en montaña, involucra reclutarlos, capacitarlos, entrenarlos, comprarles equipo, pagarles para que estén disponibles el 100% del tiempo (porque eso es lo que queremos, que sean profesionales ¿no?) y además desplazarlos a los 4 rincones de Chile. Y eso no sale 1.000 dólares anuales. Ni cerca. Más cercano sería decir que, y tirando una cifra bien a ojo de pájaro viejo, que se requerirían por lo menos, US$150.000...
Yo me río no más. Es fácil pedir y pedir, pero cuando llega la hora de meterse la mano al bolsillo...
4. Quererse un Poco
Irónicamente, para mí, esta es la razón más importante. Tiene que ver con la forma cómo nos vemos a nosotros mismos.
Nuestro país debe definir hasta dónde está dispuesto a llegar para cuidar a sus hijos. Ha de determinar si son límites a sus acciones la libertad individual, los costos o las responsabilidades involucradas.
¿Rescataríamos a un chofer ebrio? ¿Iríamos en búsqueda de un turista perdido en el Ártico? ¿Ayudaríamos a una pareja de ancianos expatriados que desean regresar? ¿Enviaríamos un destructor a socorrer a un yate de ricachones que están por hundirse en el medio del Pacífico? Si tuviéramos astronautas, ¿sacrificaríamos el 1% de nuestro PGB para traerlos de regreso en una misión de rescate?
En el fondo, el tema es si nos queremos a nosotros mismos lo suficiente como para ir en nuestra búsqueda, hagamos lo que hagamos, estemos donde estemos, seamos o no culpables.
El cuestionamiento es filosófico y abarca muchas más cosas que el tema de los rescates en montaña, así es que jamás esperaría un planteamiento país al respecto.
Pero, si estuviera involucrado en la toma de las decisiones, si tuviera algo de poder, si pudiera influir, yo (demonio neoliberal, acérrimo individualista, defensor del cruel mercado) abogaría por que SÍ. Que nuestro país debe ir gratuitamente en busca de sus hijos a todo evento, aunque, por supuesto, eso no exime de una posterior búsqueda de negligencias.
Curiosamente esta postura no la hago porque en mi calidad de montañista me sea útil no tener que pagar dinero por el seguro de un rescate (bueno, quizás también), sino por una razón mucho más importante: me da algo que me permite ver que sí soy querido por mi país. Algo que me entrega una razón tangible para decir con orgullo que mi nación está detrás mío, para exclamar con el pecho hinchado que Chile es distinto y es mejor.
En una época donde las naciones sufren poderosas y transversales fuerzas desintegradoras, si un país exige y exige y no da nada a cambio, la gente termina aburriéndose. Y, llegada la hora de los problemas, no defenderá a una nación que siente que no lo representa.
Conafín Panzón... ¡estás despedido!