“Negamos la competencia porque somos cobardes. Puesto que admitir que se está compitiendo significa poner las cartas sobre la mesa y dar pie a la opción de que se pueda “perder”, algo que a nadie le gusta. Así, negar la competencia es un mecanismo de defensa para evitar ser vencido. Quien no compite, no pierde; y luego, no sufre.”